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jueves, 17 de mayo de 2012

PÍLLARO DE AYER Y HOY - Luis Lara Arcos




Título: Píllaro de ayer y hoy

Autor: Luis Lara Arcos (¿Píllaro, Tungurahua?)

Año de publicación: 2009

Edición: Auto-edición

Páginas: 99
 
Un pueblo que carece de historia es un pueblo sin perspectivas.
Las personas de Píllaro tienen su propia personalidad, se va forjando con el recuerdo de sus propios episodios, se hunden en sus raíces y se proyectan al futuro.
Quien no conoce el pasado no puede vivir el presente.
Píllaro es el eslabón del inhóspito, inexplorable donde está el tesoro más grande del mundo no descubierto "Los Llanganates" 
 
En el mundo hay lugares mágicos. No muchos, la verdad, un puñado, pero los hay. Lugares en los que los viajeros sienten algo especial en el ambiente, algo que los transporta más allá de la realidad cotidiana, del mundo físico que podemos ver y palpar todos los días, para sumergirnos en el mundo de las leyendas y de los sueños.
En mi todavía reciente estancia en Ecuador fui arrastrado a uno de esos lugares, los montes Llanganates. En realidad es incorrecto decir que fui arrastrado, pues llevaba años soñando con estas tierras, convirtiéndose en una parada obligada en mi viaje.
Píllaro, a primera vista, es una ciudad normal de la sierra, con sus parques, sus mercados y sus casas de hormigón, pero basta con entornar un poco los ojos para descubrir que esa normalidad no es más que un espejismo, que oculta mucho más.
Llegué a la ciudad siguiendo los pasos de su más ilustre vecino, el general de la resistencia inca Rumiñahui. Aproveché que en los primeros días de enero se celebra la popular tradición de la Diablada Pillareña para convencer a mi familia. Y la disfruté como un turista más. Baile y bebí como un diablo más, pero, ya de paso, me enamoré de su historia, de sus paisajes y sus gentes. Odio profundamente los tópicos, más aún si sin cursos, pero me dejé un trozo grande de mi corazón en la ciudad de Píllaro, en la provincia de Tungurahua. Eso y la promesa de regresar.
Sirva este canto a Píllaro de prólogo al libro que comentaré hoy, que no es otra cosa que un canto a esta ciudad. Volviendo a mi reciente viaje, conocí el Museo Rumiñahui, en la parroquia de San Miguelito, cerca del lugar de nacimiento del héroe pillareño. Al ser día lectivo no pude conocer a su conservador, el licenciado Luis Lara Arcos, si bien una de sus hijas tuvo a bien mostrarme las diferentes colecciones. Al final de la ruta me mostró un libro escrito por su padre, "Píllaro de ayer y hoy", donde narraba la historia del cantón. Desde el día anterior estuve buscando en librerías locales algo parecido sin ningún éxito, de forma que se me abrió el cielo al verlo y no pude menos que adquirirlo.
Lo cierto es que es una maravilla. Ya antes, en España, había conocido libros escritos y editados por pequeños historiadores como homenaje a su pueblo, pero nunca me habían transmitido tanta pasión por las pequeñas historias de su tierra como la que he encontrado en estas páginas. Y se nota que es un libro escrito con el corazón. No voy a engañar a nadie, no es un libro perfecto. La narración es un tanto caótica, como escrita por impulsos, a vuelapluma, y no le vendría mal una concienzuda corrección de los textos para que ganara en inteligibilidad, pero en sus escasas páginas es capaz de transmitir al lector toda esa magia que desprende esta tierra y de la que hablé al comenzar esta entrada.
Luis Lara nos habla en este libro de muchos aspectos de Píllaro. Nos habla de su historia, de sus personajes ilustres, de sus canciones, de su gastronomía, de su folclore, de sus leyendas y tradiciones, de sus encantos naturales, su flora, su fauna, sus lagunas encantadas, sus misterios...
He sentido algo parecido a lo que sentí al leer "El éxodo de Yangana", de Ángel F. Rojas: ser un miembro más de la comunidad. Y conseguir eso es privilegio de muy poca gente.
Mi recomendación final es que, si tienen la oportunidad, visiten Píllaro. Es una experiencia muy difícil de explicar.
Y, ya de paso, visiten el Museo Rumiñahui y háganse con este libro. Su lectura posterior les hará pensar que nunca se fueron.
 

lunes, 23 de enero de 2012

MEMORIAS DE LA PIVIHUARMI CUXIRIMAY OCLLO - Alicia Yánez Cossío


Título: Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo

Autor: Alicia Yánez Cossío (Quito, Pichincha, 1928)

Año de publicación: 2008

Edición: Manthra Editores, segunda edición, diciembre 2008

Páginas: 237

Con peculiar magia, Alicia Yánez Cossío recrea un ángulo perdido y rescatado de nuestra historia patria.
Prosa limpia y amena, investigación prolija del pasado, coraje y ternura, son suficientes aspectos como para insertarnos en un sistema de vida fascinante e inaudito, donde el poder conquistado con sangre y fiereza no siempre es sinónimo de victoria. Y el imperio incásico es la confirmación de ello.
Con esta nueva obra, Alicia Yánez ratifica su esplendidez narrativa.
Violeta Luna – Escritora

“Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo” es la cuarta novela histórica que brota de la pluma de Alicia Yánez y narra la vida de la hija de Huayna Capac, padre también de Atahualpa, que por tradición tenía que casarse con su hermano. Realizada la conquista que se salda con el asesinato de Atahualpa en manos del conquistador Francisco Pizarro, Cuxirimay Ocllo es codiciada por el asesino de su marido y se convierte en su esposa. Pero este no es el fin de la historia. Cuando a Pizarro le llega la muerte como consecuencia de la guerra civil entre Almagros y Pizarros, Cuxirimay Ocllo se casa con Juan de Betanzos, quien deja escrita para la posteridad lo que su esposa le relata de los increíbles acontecimientos de la conquista del Perú. Alicia Yánez rescata la historia de Betanzos y la convierte en una narración ágil y llena del colorido andino con la que resalta la personalidad de Cuxirimay Ocllo, a quien le tocó vivir uno de los momentos más extraordinarios de la historia de América.
Francesca Piana – Historiadora


Alicia Yánez Cossío, novelista de reconocido prestigio, ha dado a la literatura ecuatoriana numerosas novelas y ha logrado que cada una de ellas se convierta en un hito importante en su carrera de escritora.
“Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo” se remonta a la época del imperio de los incas y se inicia cuando Huayna Capac celebra el nacimiento de una niña, concebida en Tocto Ocllo, y que estaría destinada a ser la pivihuarmi o esposa principal de un inca notable, en este caso, de su hermano Atahualpa.
Alicia Yánez recrea esta historia que es parte de la novela de la patria, valiéndose de narraciones que figuran en antiguos relatos y manuscritos que fecunda con la semilla de su imaginación, para reproducirlas en la rica y transparente prosa de su novela.
Claudio Mena Villamar – Miembro de la Acadermia Ecuatoriana de la Lengua


A la escritora quiteña Alicia Yánez Cossío le sobran las virtudes, entre ellas hay dos básicas: con sus novelas históricas reinagura un género en el país y nos pone a la altura de la modernidad europea.
En esta nueva novela llega una mujer indígena muy poco conocida para los ecuatorianos. Y llega para acercarnos en imagen y en sustancia a nuestros propios orígenes y al inicio del drama del mestizaje. Qué gran favor le debemos a Alicia.
Fernando Jurado Noboa - Historiador


Antes de comenzar el comentario de hoy debo explicar lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir con la Biblioteca de Autores Ecuatorianos. Es cierto que hace ya mucho que no la actualizo por problemas técnicos. No es sólo que escanear un libro me toma bastante tiempo, tiempo del que actualmente no dispongo. Además mi escáner no funciona demasiado bien y tendré que cambiar de equipo. Pero estos problemas ya los había mencionado con anterioridad. El problema actual está relacionado con los libros que ya estaban disponibles para la descarga, y ese problema se llama Megaupload.
Como ya sabrán, la semana pasada el FBI clausuró esta página de almacenamiento, página en la que estaban colgados todos los ejemplares de la Biblioteca.
De momento no puedo hacer nada pero, cuando regresa a España, buscaré los originales (si es que los encuentro) y los colgaré en algún otro directorio. Por ello, lamentablemente, esta Biblioteca de Autores Ecuatorianos queda en una inevitable pausa.
Ahora sí, puedo empezar el comentario de “Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo”, de Alicia Yánez Cossío.
Esta es la segunda novela que comento de la autora quiteña y de nuevo se trata de una novela histórica. Si en “Sé que vienen a matarme” relataba la vida y la muerte del presidente Gabriel García Moreno, en la que hoy nos ocupa se centra en el personaje de Cuxirimay Ocllo, la que fue hermana y esposa del Inca Atahualpa, luego del conquistador Francisco Pizarro y, por último, del historiador Juan de Betanzos, quien escribió su famosa obra “La Suma y Narración de los incas” gracias a las historias que ella le contó.
En esta novela me ha pasado una cosa que no me ocurre con frecuencia. Al leer su resumen (tal y como aparece en los textos de la contraportada) se me generaron unas expectativas que no se han cumplido. Hace unos años leí la novela “Malinche”, de la escritora mexicana XXX. En ella la protagonista es la Malinche, una mujer perteneciente a la nobleza azteca que se alió con los conquistadores españoles, como intérprete y amante de Hernán Cortés, en el ocaso del imperio de Moctezuma II. Disfruté mucho la lectura de aquel libro, pues recreaba con minuciosidad aquellos hechos, justificando los actos de cada uno de los personajes.
Pensé que estas “Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo” sería el equivalente con el Tahuantinsuyu, y no lo es.
En la mayor parte de este libro, digamos las tres cuartas partes, Cuxirimay no participa como protagonista, siendo una mera oyente de la historia. Nos encontramos con varios maestros que narran el pasado de los incas a la niña Cuxirimay. Primero su aya, la mitima Ninacuri, luego el shamán Kochu y, por último, su propia madre Tocto Ocllo, le cuentan las vidas de sus antecesores, sobre todo de los últimos Incas, Pachacutec, Tupac Yupanqui y su padre, Huayna Capac.
Estas historias están bien narradas pero no es nada que no hubiera leído antes en “El camino del Sol” de Jorge Carrera Andrade o “Atahualpa”, de Manuel Benjamín Carrión (sí varían ciertos acontecimientos, como los referidos al origen de Atahualpa, lo cual es normal existiendo tantas fuentes discrepantes).
Después las historias de los incas alcanzan el momento de la narración y Cuxirimay pasa a un discreto segundo plano. La autora cuenta la guerra entre Atahualpa y Huáscar y el desastre de Cajamarca casi como una historiadora y no es hasta el final, pero justo el final, cuando Cuxirimay regresa a contar la historia de su pueblo a Juan de Betanzos.
Podríamos decir que se trata de un libro de historia camuflado como novela, pero no sería justo.
La verdad es que, a pesar de que no era lo que esperaba, no he quedado decepcionado. La narración se mantiene fresca y ágil gracias a un eficiente uso de los diálogos. Cuxirimay interrumpe a sus maestros con preguntas, réplicas y reflexiones. La niña se siente atraída y espantada por los hechos de sus antepasados. Quizás se podría criticar que la mentalidad de muchos de los personajes no es propia de su época, siendo más del siglo XXI, pero supongo que es necesario para conseguir la empatía del lector. En definitiva, una novela interesante que da a conocer de manera muy amena unos momentos decisivos en la historia de América, el temido Pachakuti, el fin de los tiempos. 
Puntuación: 88/100

sábado, 19 de junio de 2010

MEMORIAL DE AMORES - Raúl Vallejo

Título: Memorial de amores

Autor: César Raúl Enrique Vallejo Corral (Manta, Manabí, 1959)

Año de publicación: 2004

Edición: Casa de la cultura ecuatoriana Benjamín Carrión, colección Cuarto Creciente, 1ª edición, 2004

Páginas: 116, 13 cuentos

La obra cuentística de RAÚL VALLEJO ha logrado lo que es importante en todo artista: un sello estilístico. Sus cuentos son reconocibles por esa sobriedad de elementos y por una calidad uniforme donde se percibe el trabajo disciplinado, constante, profesional. Frente a sus lectores va acumulando puntos de manera invariable y no deberá ser juzgado por uno que otro cuento, sino por la construcción paulatina, sin prisa pero sin pausa, de una narrativa minuciosa, bien estructurada, que en el tiempo se convierte en un mosaico de situaciones y personajes imprescindibles.
IVÁN ÉGÜEZ

Después de tanto tiempo vamos a volver, durante algunas semanas, al género cuentístico. Y nada mejor para ello que comenzar con “Memorial de amores”, de Raúl Vallejo.
Lo primero que debo hacer es una advertencia. Si alguien busca este libro en la bibliografía del autor es más que posible que no pueda localizarlo. La razón es que “Memorial de amores” no es uno de los libros de relatos canónicos publicados por Vallejo sino una selección de algunos de los cuentos publicados anteriormente (me resulta tranquilizador pensar que el título de esta colección no lo ha puesto el mismo autor; me resulta de lo más inapropiado). Los cuentos que aparecen en la obra han sido extraídos de los siguientes libros:
Daguerrotipo (1978)
Máscaras para un concierto (1986)
Sólo de palabras (1988)
Fiesta de solitarios (1992)
Acoso textual (1999)
Huellas de amor eterno (2000)
Quizás se pueda considerar entonces que esta crítica es injusta ya que no se centra en una obra concreta, donde los relatos, aún siendo independientes, mantienen un orden y una unidad, sino que estoy comentando en general la trayectoria del autor a través de los años. Por otro lado es muy difícil que alguien llegue a esta entrada poniendo el título en Google, así que serán pocas las visitas que reciba. Eso me tranquiliza.
El título de este libro me hizo pensar que se ha elaborado tomando los cuentos de temática amorosa aparecidos en las obras antes enumeradas. Después de leído la sensación que me queda es otra. Desde luego que el amor está siempre presente en alguna de sus manifestaciones, pero no tiene por qué ser el núcleo central de todos los relatos. Tenemos alguna muestra de lo que podríamos llamar amor a la distancia (distancia emocional o temporal más que física), como el cuento titulado “Los borradores de Adriana Piel”. También nos habla del Gran Amor Que Nunca Fue, como en el cuento que cierra la obra, el magnífico “Los Viudos de Gloria Vidal”; del amor profundo disfrazado de enfermizo, aquel en el que por amor podemos llegar a matar al ser amado (ahora estoy pensando en el cuento titulado “Volverán las oscuras golondrinas”).
Personalmente vería más acertado que esta colección se llamara “Memorial de soledades”, pues es en este sentimiento, inseparable del amor, en el que el autor profundiza más y de formas más distintas.
Entre todos estos relatos aparece también algún experimento que no ha envejecido nada bien. Me refiero al titulado “am@ntes.virtuales.com”, donde se transcribe una sesión de cibersexo a través de un canal IRC de chat. En el año 2000 pudo resultar osado pero hoy en día no escandalizaría a nadie.
Antes de entrar a valorar “Memorial de amores” quiero detenerme a exponer mi opinión sobre el género. Para mí un cuento bien escrito es la forma más pura en la que se presenta la narrativa. Es grano sin paja, necesidad sin contingencia. Una vez leí una respuesta que dio Jorge Luis Borges a un periodista que quería saber por qué no escribía novelas. Borges contestó (y estoy escribiendo de memoria; pido perdón si la cita es del todo inexacta): “Coge cualquier novela, quítale los adverbios y los adjetivos y lo que te quedará es un cuento mío”.
Siempre que leo un cuento busco dos cosas: la primera, que sea narrativa en esencia, que no sobre ni falte una palabra; la segunda, como recomendaba Poe, que acabe con un terremoto. Es por eso que siento devoción por gente como Borges o Cortázar.
Por otro lado veo otra forma de escribir cuentos que no respeta ni la economía de palabras ni la necesidad de un clímax final. Pueden ser relatos solventes y bien escritos, cuya finalidad es ahondar en los conflictos del ser humano y en su relación con sus semejantes. A este tipo se circunscriben los relatos de Raúl Vallejo.
Este autor tiene una gran destreza narrativa y un pulso que hace imposible abandonar cada una de sus historias antes del final. La lectura es ágil, los temas profundos y los personajes interesantes. Y, sin embargo, me queda la sensación de que sólo estoy viendo trozos de historias mayores. Seguro que eso es precisamente lo que busca el autor, que pretende asemejar sus cuentos a la vida, que en realidad está compuesta por un cúmulo de historias menores, pero yo echo de menos mi terremoto.
A quien esto no le importe le sugiero que sume quince puntos a la nota final.

Puntuación: 71/100

Posdata. A partir de la próxima entrada me voy a dedicar a profundizar en la obra completa de Pablo Palacios. Comenzaré con “Un hombre muerto a puntapiés”.

sábado, 13 de marzo de 2010

SANCHO PANZA EN AMÉRICA - Alfonso Barrera Valverde

Título: Sancho Panza en América o la eternidad despedazada


Autor: Alfonso Barrera Valverde (Ambato, Tungurahua, 1929)

Año de publicación: 2005

Edición: Alfaguara, primera edición, octubre 2005

Páginas: 222, 31 capítulos + epílogo

A la muerte de Don Quijote, Sancho se ha quedado sin caballero y sin escudo. Emprende, entonces, un viaje de soledad al Nuevo Mundo y llega, en el año 2005, a la Ciudad de las Colinas y de los Valles.
Sancho deambula por las calles de San Roque; conversa con la gente; conoce al duende triste; dialoga con el poeta del siglo XX. Pero Sancho no logra descubrir por qué en este país nadie es inmortal, por qué aquí los locos no son tan locos y por qué los cuerdos toman a los ingenuos por locos.
A esta novela, narrada con la maestría de Alfonso Barrera Valverde, se la puede anunciar como una propuesta “disparatada, alucinante”, porque se arriesga a dar una nueva vida y otro tiempo a uno de los personajes más célebres de la literatura universal, o se la puede convertir en un escudo y, ahora, el lector ser el Quijote que acompaña a Sancho a seguir “deshaciendo entuertos”.

Hoy toca hablar de “Sancho Panza en América o la eternidad despedazada” (a partir de ahora sólo “Sancho Panza en América”; el segundo título me resulta odioso), de Alfonso Barrera Valverde.
En esta novela nos encontramos con la situación de que, una vez fallecido don Quijote, Cervantes muere sin volver a acordarse de Sancho Panza. Éste, que se encuentra en un limbo literario, es invitado a conocer Quito, pero no su Quito contemporáneo sino el de ahora, el del año 2005. Sancho Panza se hospeda en una casa del barrio de San Roque y asiste a las tertulias que comparten sus vecinos los viernes por la tarde.
Este libro lo componen 222 páginas impresas en fuente gorda y salpicadas por numerosas ilustraciones (unas ilustraciones muy apropiadas, firmadas por Oswaldo Viteri). Con ello quiero decir que “Sancho Panza en América” se puede leer fácilmente en una tarde… con mucha voluntad. Personalmente me ha llevado casi tres semanas concluirlo.
Esta novela me ha resultado pesada por diferentes razones. Primero por el lenguaje, el cual es a la vez sencillo y artificioso (resultaría sencillo en el siglo XVII pero ahora hace que ardan los párpados). Es evidente que en la escritura de este libro Barrera Valverde tuvo muy presente el Quijote y quiso imitar el estilo. El esfuerzo se reconoce pero se da la paradoja de que una novela publicada en 1605 se pueda leer en el siglo XXI saboreando cada una de sus palabras mientras que esta otra, publicada cuatrocientos años más tarde, deja un regusto en el paladar a rancio. A viejuno.
Escribir como Cervantes es una de las mayores tentaciones que puede sufrir y que sufrirá, tarde o temprano, un prosista. Pondré un ejemplo hablando de mí (cosa que hago a menudo, por otra parte). Mi primera lectura completa de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” alteró mis letras durante un tiempo. Por aquel entonces yo estaba escribiendo una novela y, de manera un tanto forzosa, me vi en la necesidad de insertar un capítulo en el que imitaba a don Miguel. El resultado fue, por supuesto, un despropósito. Afortunadamente poco después las aguas volvieron a su cauce y no intenté nuevos experimentos. Pero esto que me ocurrió ha ocurrido a muchos otros. Pocos son los novelistas que tienen éxito tomando el estilo de Cervantes (ahora sí, los que lo consiguen se convierten en autores imprescindibles; en España tenemos como ejemplos a Luis Landero y, en menor medida, a Antonio Muñoz Molina). Lo normal es que suceda lo que le ha sucedido a Alfonso Barrera en esta obra. Es muy dificultoso concentrarse en su lectura. Lo pensamientos huyen hacia otras latitudes, lejos de este tostón.
Habla de las razones por las cuales “Sancho Panza en América” me ha resultado tan espeso. Además del lenguaje me pesa el ritmo. Comienza muy tarde (de hecho no acabo de estar seguro de que comience en algún momento). Algunos capítulos son auto-conclusivos y otros están agrupados temáticamente. Lo que sí es igual siempre es la completa ausencia de acción. En toda la novela no ocurre nada. Aprovecho para enlazar con la siguiente de las razones, la más grave de todas: la trama.
Aquí no se cuenta ninguna historia. Sancho Panza aparece en Quito sin más ni más. En las tertulias a las que le invitan parece transparente (y mudo, lo cual es más incomprensible en este personaje). Sus anfitriones se dedican a comentar la figura de Eugenio Espejo además de otras anécdotas que igualmente se hubieran contado si no estuviera Sancho. ¿Para qué traerlo entonces? Luego se dedican a diseccionar algunas de las características de don Quijote pero no le piden al escudero que narre su versión de las aventuras que vivieron juntos (lo que podría resultar muy interesante). En lugar de eso ¡se las cuentan a él!
Sancho Panza es probablemente el mejor personaje secundario de la literatura mundial y también funciona muy bien como protagonista (véanse los capítulos del Quijote en el que gobierna la ínsula Barataria), pero emplearlo como mero espectador o comparsa es un enorme desperdicio.
La novela, en cuanto a la temática, es terriblemente dispersa. En un capítulo determinado, porque él lo vale, el autor se dedica a reflexionar sobre el fenómeno migratorio que se ha dado en el Ecuador. Y, por supuesto, también repite la archiconocida y un millón de veces contada leyenda del padre Almeida. He echado en falta un capítulo en el que se explique, paso por paso, cómo preparar la fanesca. Ya puestos, ¿qué más da? Aquí cabe todo.
A pesar de todo lo que he criticado, de lo denso que es el libro y de lo que me ha costado acabarlo, este no es uno de los casos típicos de “No me ha gustado el libro. No voy a leer nunca nada más de este autor”. Sí estoy dispuesto a leer alguna otra novela de Barrera Valverde. Le daré otra oportunidad al menos (algún día) porque estoy muy seguro de que no es esta su forma de escribir. Desde el principio queda claro que toda la novela no es más que u juguete literario. Seguramente, amparado en toda la parafernalia del “Año del Quijote”, el autor ha jugado a reproducir sus conversaciones con sus amigotes utilizando un estilo cervantino y metiendo en medio al pobre Sancho Panza, que pasaba por ahí. Porque entiendo esto le doy mi voto de confianza y no entrego a Alfonso Barrera Valverde a las llamas. Sin embargo “Sancho Panza en América” no supera el donoso escrutinio. No le puedo puntuar con más de un:

Puntuación: 47/100

Posdata. El próximo artículo será sobre un autor ya conocido por estos lares: Adalberto Ortiz con su “Juyungo”.





sábado, 27 de febrero de 2010

DE QUE NADA SE SABE - Alfredo Noriega


Título: De que nada se sabe

Autor: Alfredo Noriega (Quito, Pichincha, 1962)

Año de publicación: 2002

Edición: Alfaguara, serie Roja, 2ª reimpresión

Páginas: 179, prólogo + preámbulo + 4 días + estudio de la obra

Múltiples personajes cargados con el peso de su propia cotidianidad confluyen sobre la mesa de una morgue, sitio en el que Arturo Fernández intenta reconstruir, ente partes policiales y meticulosos análisis de órganos, la ficción de vidas que jamás podrá tocar.
Una novela en la que resulta imposible eludir el agobio de la incertidumbre. Una obra en la que el lector transita por puentes trazados entre historias de aparente inconexión.
Alfredo Noriega, voz relevante de la literatura ecuatoriana contemporánea, nos ofrece una novela en la que recrea, con sútil maestría, las eternas contradicciones de la vida y la muerte, de la carne y el alma.

"De que nada se sabe", de Alfredo Noriega, nos coloca en el interior de la ciudad de Quito en el día de hoy. A través de los ojos de un forense vamos conociendo una historia de crímenes pasionales cruzados entre sí. Y la conoceremos gracias a quienes mejor nos la pueden contar: los muertos. En esta ciudad que cada mañana amanece bañada en sangre hay también un resquicio para el amor y para la compasión. Una mujer madura que se enamora de forma absurda de su casi desconocido bibliotecario. Un taxista que se desvive para ayudar y consolar a una pasajera a la que le han atropellado el hijo. Una pareja que consuma un amor a contracorriente y que paga por ello. Y un forense que se preocupa por las historias reales de sus muertos, más allá de lo que figura en la ficha policial.
Esta novela está construida de forma deliberada como un puzzle. Noriega mantiene una cierta continuidad temporal, pero da pequeños saltos sobre ella. A lo mejor no nos cuenta lo que le acontece a un personaje en el momento en que le corresponde sino un día después, cuando dicho personaje lo rememora. Esta me parece una manera inteligente de dar mayor complejidad a la trama sin hacer que el lector se pierda en rincones ciegos.
Por otro lado los personajes resultan complejos e interesantes, una buena muestra de los que da de sí el Ecuador del siglo XXI. Tanto los vivos como los muertos tienen algo nuevo que decir. Me gusta especialmente Hortensia Armendáriz, a la que el autor da un trato de preferencia pues, cuando no es ella misma la que habla, su hijo recupera sentencias que ella dice o que podría haber dicho. También se encuentra entre mis favoritos el taxista Campos, estereotipo de hombre honrado y de víctima propicia de las circunstancias.
Así pues, de esta novela me gusta la construcción, me gustan los personajes y me gusta la ambientación (aunque aún no lo he comentado el retrato que hace esta novela de Quito es uno de los más reconocibles que he tenido la oportunidad de leer). Y, sin embargo, si miran la nota que le he cascado a "De que nada se sabe" verán que es la más baja de los últimos meses.
¿Por qué?
Me toca ahora justificarme.
Esta es una novela que cuenta con las herramientas necesarias para ser una obra memorable. Ya he hablado del estilo y de los personajes. Pero me resulta fallida en lo más obvio. Me atrevería a decir que en lo más sencillo. La historia. Y eso es algo que me descoloca. Son cientos de miles las novelas que he leído que parten de una buena premisa, de una idea brillante, pero luego, por falta de pericia del autor y por no saber cómo jugar sus cartas, quedan reducidas a un quiero-y-no-puedo, a un mero entretenimiento cuando no, directamente, a literatura-basura. Pues esta novela de la que hoy estoy hablando es uno de los escasos ejemplos que he podido encontrar de la situación opuesta. Realmente la historia que nos presenta no vale nada, ni siquiera como telón de fondo para hablarnos de los personajes. Da la impresión de que el autor ha tomado una guía turística de la capital de Ecuador, un par de ejemplares del diario Extra (para los lectores no ecuatorianos este es un periódico muy amarillista que dedica sus páginas a relatar, con todo lujo de detalles, los crímenes más truculentos que suceden en el país y que presenta unas portadas muy gráficas a juego con su temática).
Aprovecho ahora para matizar mis palabras del resumen. Más arriba dije: "En esta ciudad que cada mañana amanece bañada en sangre..." Quiero que quede claro que no es esa una impresión que yo haya recibido al conocer la ciudad. Esta es la imagen que proyecta Noriega en estas páginas. En el Quito de "De que nada se sabe" la vida humana se vende muy barata. Es esta una tierra sin ley donde el hombre más honrado está condenado a muerte. Y el hombre más corrupto también. Y también los de enmedio, por supuesto. Es una novela muy pesimista que juzga y condena sin remedio a la sociedad que intenta representar.
Otro punto negativo que puedo señalar es la fijación que tiene el autor por situar exactamente dónde ocurre en el espacio cada muerte, cada encuentro, incluso la ruta detallada de cada fuga. Ciertamente no toma como referencia la ciudad entera porque ya sería muy caótico. Las fronteras de la ciudad las coloca entre Villa Flora y el parque de La Carolina, pero continuamente van desfilando nombres de calles y barrios. Para los lectores que no sean quiteños les va a costar situarse. Yo tuve que tener siempre a mano un callejero actualizado de la ciudad para localizar cada evento. Es verdad que esto no es imprescindible, que podemos seguir la historia sin saber que el Batán Alto se encuentra a escasas cuadras del colegio Benalcázar, pero, siendo así, sería de agradecer que Alfredo Noriega hubiera sido más genérico en sus descripciones.
Que no se me entienda mal. Esta no es una obra lamentable y si alguien desea leerla no le voy a aconsejar lo contrario (cosa que sí haría con "Las pequeñas estaturas"; es que tengo fijación por ese libro), pero me da mucha rabia porque el autor muestra capacidades narrativas muy altas pero las desperdicia por una trama inane. Ojala en los sucesivo sepa escoger con mayor tino su punto de partida.

Puntuación: 66/100

Posdata. El día 13 de marzo publicaré el análisis de "Sancho Panza en América", de Alfonso Barrera Valverde.

sábado, 13 de febrero de 2010

SÉ QUE VIENEN A MATARME - Alicia Yánez Cossío


Título: Sé que vienen a matarme

Autor: Alicia Yánez Cossío (Quito, Pichincha, 1928)

Año de publicación: 2001

Edición: Paradiso Editores, novena edición, octubre 2008

Páginas: 298

Alicia Yánez Cossío (Quito, Ecuador, 1928), está considerada de manera unánime como la más importante novelista ecuatoriana de todos los tiempos. Es autora de diez novelas: “Bruma, soroche y los tíos”, (1971), “Yo vendo unos ojos negros” (1979) –recientemente llevada a la televisión-, “Más allá de las islas” (1980), “La cofradía del mullo de la Virgen Piponal” (1985), “La casa del sano placer” (1989), “Aprendiendo a morir” (1997), “Y amarle pude” (2000), “Sé que vienen a matarme” (2001) y “Concierto de sombras” (2004). En 1996 su novela “El Cristo Feo” fue galardonada con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.
SÉ QUE VIENEN A MATARME
Desmitificadora y polémica es una magistral recreación de uno de los períodos más turbulentos de la historia republicana, dominado por la figura del dictador Gabriel García Moreno. Oculta en la penumbra de las habitaciones del Palacio de Gobierno, la mirada implacable del tirano aterroriza a todo un pueblo, imponiendo su voluntad omnímada. Mujeres, soldados, sacerdotes y políticos son parte de una historia de crueldad, intolerancia y lujuria. El núcleo de “Sé que vienen a matarme” es un hecho histórico: el asesinato de uno de los presidentes más controvertidos del Ecuador del siglo XIX.

Dos son los mandatarios de los que han dirigido el Ecuador en su época republicana que más son recordados hoy día (pido perdón a la memoria de Velasco Ibarra y de León Roldós). Sus nombres los encontramos en calles y plazas, en escuelas, parques y pueblos. Ambos marcaron la sociedad de su tiempo hasta el punto de poder asegurar que hubo un antes y un después de la presidencia de cada uno de ellos. Ambos protagonizaron violentas revoluciones, ambos murieron asesinados en Quito. Ambos fueron enemigos irreconciliables. Eloy Alfaro, liberal, fue elegido en el año 2005 como el ecuatoriano más importante de la historia. Gabriel García Moreno, conservador y protagonista de la obra que estoy comentando, fue propuesto por sus seguidores para su beatificación.

Tenía muchas ganas de leerme este libro, tantas como curiosidad sentía por el personaje de García Moreno. Actualmente es fácil encontrar su nombre por toda la toponimia del país, pero su recuerdo parece haber sido tachado, cosa que no ocurre con Alfaro. Con “Sé que vienen a matarme”, de Alicia Yánez Cossío, esta curiosidad ha sido satisfecha.
Mi primera impresión fue que en este libro me encontraría con la novelización de los últimos años de vida del dictador, algo así como lo que en su día ya hizo Gabriel García Márquez (el Gabriel García que sí debería subir a los altares) en “El general en su laberinto” con la figura de Simón Bolívar. En realidad “Sé que viene a matarme” es una biografía de Gabriel García Moreno, desde la llegada de su padre a las colonias hasta las consecuencias de su asesinato. No es una biografía académica, no es la que aprobaría un historiador sino la que elaboraría un novelista. Esto es, sin dejar de ser rigurosa en los hechos que expone, la autora dedica más tiempo y más recursos a profundizar en la psicología del personaje así como en la de la nación que a presentarnos datos fríos acompañados de cifras. El problema de este planteamiento es que el lector puede llegar a sentirse perdido en la línea temporal. Dos acontecimientos alejados por muchos años nos pueden parecer contemporáneos y viceversa (y la verdad es que ayuda muy poco la cronología insertada al final de la obra por ser muy escasa y parca en detalles).
Por otro lado Yánez Cossío no es imparcial respecto al protagonista. En muchas ocasiones emite juicios de valor que no le dejan muy bien parado, aunque , a decir verdad, habitualmente mantiene las distancias.
Asumiendo que la figura del dictador no ha sido desvirtuada en exceso en esta obra voy a animarme a juzgarle yo también.
Sin ser psicólogo considero que la personalidad de García moreno encaja perfectamente con los rasgos propios de un psicópata. Fue un tipo que no empatizaba con nadie. No tenía ningún tipo de escrúpulo a la hora de pasar a alguien por las armas, aunque ese alguien le hubiera salvado la vida previamente. Sus actos fueron realmente bárbaros, aunque él mismo fuera una persona muy culta y civilizada. Los años de su gobierno fueron un auténtico reino del terror, donde la dictadura de las buenas costumbres se convirtió en una auténtica tiranía. Las cárceles del estado se llenaron de ciudadanos que habían cometido faltas muy menores a la moralidad impuesta por el presidente, pero por ello mismo, imperdonables para el tirano. Eso sí, a pesar de su sed de sangre, fue un hombre razonablemente íntegro. Con su escalada hacia el poder no pretendía satisfacer sus bajas pasiones buscando simplemente enriquecerse a costilla del erario público (como han hecho tantos y tantos y tantos y tantos y tantos…) García Moreno realmente se consideraba un mesías (con cruz y todo) que venía a salvar a su país de los malos gobiernos y de la anarquía en la que se encontraba sumido. Por su puño muchos inocentes sufrieron y fueron perseguidos, pero también muchos inocentes salvaron sus vidas (me refiero a su gestión cuando se produjo el terremoto en Imbabura). Escribió su nombre con sangre en la historia patria, lo cual no es tan terrible cuando tantos otros lo escribieron con mierda (parecida opinión defendía Juan Montalvo quien, aunque fue acérrimo enemigo del tirano hasta el punto de considerarse responsable indirecto de su asesinato, en sus escritos le califica como un buen gobernante cuando lo pone al lado del infame Veintemilla).
Ya me he desahogado. Vuelvo a la novela.
Alicia Yánez Cossío, como se puede comprobar con todo lo que acabo de rajar, consigue convencer e imponer su visión del personaje. La obra funciona pero se queda el regusto de que hubiera funcionado mejor si la autora se hubiera animado y hubiera escrito una novela, la famosa novela del dictador hispanoamericana, aunque así hubiera abarcado un período más breve en la vida de Gabriel García moreno.
Quizás se pueda reprochar que los últimos capítulos son apresurados, como si la autora tuviera prisa en acabar. Mientras que la primera legislatura queda reflejada con mayor detalle, la segunda queda muy reducida (a pesar de que esta se prolongó durante más tiempo). Apenas se nos cuenta nada de esta, sólo los ánimos del pueblo, que esperaba con ansias en inminente tiranicidio.
Puntuación: 81/100
Posdata. Nos volveremos a encontrar dentro de catorce días con “De que nada se sabe”, de Alfredo Noriega.


sábado, 16 de enero de 2010

LA MADRIGUERA - Abdón Ubidia



Título: La madriguera


Autor: Abdón Ubidia (Quito, Pichincha, 1944)


Año de publicación: 2004


Edición: Editorial El Conejo, 2009


Páginas: 346, 17 capítulos

Bruno es un pintor de cincuenta años que se pregunta por el sentido de su vida, de sus amores y de su arte. AleXandra es una dama que intenta llenar con pasión el vacío de su existencia. La ciudad es un espacio que ya no cree en utopías y que ha dado paso a una modernización sin alma. En el país, la pus de la corrupción se desborda. Bajo este marco, esta novela, que pronto habrá de convertirse en un texto memorable de nuestra literatura, desarrolla una historia de amor y otra de estafa financiera y chantaje que mantendrá en vilo a sus lectores.



La Madriguera es un novela de escritura lúcida que convierte en materia de la ficción los debates culturales del mundo contemporáneo; un texto que atrapa al lector inteligente por la sobriedad de su narración; una escritura que domina el arte de contar una historia.


Al mismo tiempo, La Madriguera, de Abdón Ubidia, es una novela que indaga profundamente en las contradicciones existenciales del ser humano que, heredero de los ideales del pensamiento moderno, se ve enfrentado al cinismo doloroso de la posmodernidad.


Raúl Vallejo


Hoy, por primera vez desde que abrí este blog, voy a repetir con un autor. El elegido no podía ser otro que Abdón Ubidia, de quien ya comenté la novela “Sueño de lobos” en el primer artículo que publiqué en esta página.

Quiero revelar aquí una costumbre personal que tengo. Todos los años los tengo que comenzar leyendo una buena novela. Considero que según la satisfacción que obtenga de esa primera lectura así será de bueno el año. Sé que es una tontería (como lo son todas las tradiciones), pero cuando uno está necesitado de fortuna cualquuier rito es válido. A lo que iba. Por si esta costumbre funciona prefiero no pillarme los dedos e ir sobre seguro, de manera que elijo muy bien la obra que me encontrará leyendo el nuevo año. Donde otras veces han estado Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Jorge Luis Borges, hoy está Abdón Ubidia. 2010 será un gran año.
Nos encontramos en Quito a finales del siglo XX. El volcán Pichincha está escupiendo bocanadas de ceniza sobre la capital, el gobierno de Jamil Mahuad se tambalea, el país se encuentra sumido en una crisis financiera que terminó de arruinar a las clases medias y bajas, empujando a cientos de miles de ecuatorianos a hacer cola en las embajadas para conseguir un visado de escape…
Con este telón de fondo se nos cuenta la historia de Bruno, un pintor que alcanzó cierto reconocimiento en los ochenta pero que se encuentra hastiado, artística, sentimental y vitalmente. El protagonista toma la determinación de colgar los pinceles y encauzar su vida. Pretende organizar una fundación en su ático (la Madriguera) que aglutine a otros artistas plásticos de la ciudad. Su plan fracasa y el artista opta entonces por el Mal. Con la ayuda de su amigo Bernardo, falsificador de cuadros, pretende chantajear a su hermano mellizo, uno de los empresarios más influyentes del país y con el que no mantiene ninguna relación desde su juventud.
Lo primero que conviene aclarar es que, a pesar de lo que se pueda desprender de este resumen o del texto de la solapa, este título no es un thriller. La trama del chantaje al mellizo puede contener cierto suspense, pero este se diluye pronto. Desde luego no ha sido ese el camino que ha querido tomar el autor. Lo que yo entiendo (yo, que no he vivido en ese lugar ni en ese tiempo; yo, que no conozco la realidad ecuatoriana si no desde fuera) es que “La Madriguera” es una reflexión sobre la ciudad, sobre aquello en lo que se ha convertido. Es, de alguna manera, un manual de instrucciones para entender a Quito en los albores del siglo XXI. La decisión del protagonista, cuando después de años de integridad, deja de ser artista para convertirse en mercader, traicionando todos sus ideales, es la deicisión de una sociedad entera, de una ciudad pintoresca y conventual que, de la noche a la mañana (gracias a la intercesión del santo petróleo) vende su alma y se convierte en algo para lo que no estaba preparada.
En la contraportada de esta edición aparecen fragmentos de diversas críticas. En casi todas ellas se hace un elogio de la reflexión sobre la opción del Mal que Ubidia hace en esta obra. Me adhiero a ellas, pero mi adhesión es condicional. Es cierto que en “La Madriguera” se analiza esa opción por el Mal (el mismo autor lo repito continuamente en la segunda parte de la novela), pero es un Mal mediocre, patán. Es todo el Mal al que tiene acceso un hombre que no está entrenado para ello.. Ni el protagonista era un santo en los primeros capítulos ni un diablo en los últimos (afortunadamente, porque perdería credibilidad). Considero mucho más correcto decir que el tema de la obra es la Culpa. La Culpa que sienten los protagonistas, los antagonistas, los ricos y los pobres, la Culpa del Norte y la del Sur, la Culpa vieja´la heredada de la colonia y más allá; y la Culpa nueva, la que viene del Oriente empaquetada en barriles. En esta ciudad todos son culpables y todos son expertos en esconder sus culpas.
Que la narrativa de Abdón Ubidia es prodigiosa es algo que sabrán todos los que le hayan leído antes. Sabe manejar los tiempos y sus recursos. No puedo dejar de mencionar ese espectacular flashback del último capítulo, donde se permite revelar los secretos de la estructura interna de la novela, como su carácter dual, por si se nos había pasado por alto.
Quizás se pueda echar en falta carisma en sus personajes, que no me parecen tan definidos como en “Sueño de lobos” (en “La Madriguera” los personajes me resultan demasiado reales, demasiado inspirados en modelos del entrono del autor, siendo ese uno de sus juegos). Pero esta falta queda compensada por lo bien que se ha trabajado esa historia de amor y humillación entre el protagonista y AleXandra.
Sólo espero que para todos este 2010 sea también un año de sobresaliente.


Puntuación: 94/100

Posdata. Dentro de dos semanas me saldré del esquema y aparcaré la novela por el ensayo. Presentaré entonces “Las Catilinarias”, de Juan Montalvo.

sábado, 14 de noviembre de 2009

HISTORIAS ESPECTRALES - Edgar Allan García


Título: Historias Espectrales

Autor: Edgar Allan García (Guayaquil, Guayas, 1959)

Año de publicación: 2006

Edición: Alfaguara, serie Roja, primera reimpresión, marzo 2007

Páginas: 140, prólogo + 15 cuentos + estudio

Luego del enorme éxito conseguido por Leyendas del Ecuador, aquí está lo que podríamos llamar una continuación para lectores jóvenes y adultos. En esta ocasión, Edgar Allan García ha logrado recrear espacios y personajes que a más de uno le pondrá la piel de gallina y le helará la sangre, por lo que recomendamos que la mayoría de estas historias no se lean de noche, ni mucho menos a solas, a menos que se consideren muy valientes.

Los mitos, leyendas y cuentos de este libro, y su intensidad, son una gran enseñanza sobre el Ecuador profundo, alimentado desde siempre de magia y misterio. Estamos convencidos de que este libro se convertirá en un verdadero clásico de la literatura infantil.

Hoy me toca comentar el último de los libros de relatos de los que me traje de mi reciente viaje a Quito. Todos los libros ecuatorianos que comentaré desde ahora hasta dentro de bastante tiempo serán novelas. Y el broche con el que cerraré este ciclo (ciclo que abarca “Leyendas y tradiciones quiteñas”, “Novelitas ecuatorianas” y “Estampas de mi ciudad”) es inmejorable. El libro del que voy a hablar a continuación me ha parecido el más ameno y el más regular.

“Historias espectrales” es una colección de cuentos cortos, ambientados en distintas localizaciones dentro de la República del Ecuador (considero un gran acierto el situar cada uno de ellos en su correspondiente lugar antes de comenzar cada historia), en los que se narran leyendas populares. La colección en sí está dedicada a un público juvenil aunque no por ello se debería esperar que el autor se haya comedido con la atmósfera. Un claro ejemplo es el cuento titulado “El Supay”, digo heredero del mejor Lovecraft. Sí es cierto que aunque un fondo tenebroso fluye bajo la superficie de la mayor parte de los relatos García esquiva mostrarnos imágenes truculentas o situaciones realmente desagradables. Por ello, aunque en determinados momentos podemos sentirnos agobiados por la ambientación de algún cuento determinado (he de volver a referirme a “El Supay”; además de ser el cuento más largo es el más escalofriante y conseguido), hemos de decir que no son relatos de terror. Y me queda claro que no lo son porque el autor no lo ha querido. Si hubiera decidido desarrollar las historias por ese camino seguro que lo habría podido hacer, aunque la calidad del conjunto de la obra habría mermado.
“Historias espectrales” se puede considerar la continuación directa de la obra que dio a conocer al autor al gran público: “Leyendas del Ecuador”. No puedo hablar mucho de ese libro porque no lo he leído, pero lo conozco porque hay colgadas en la web unas grabaciones de audio que son, ni más ni menos, narraciones/representaciones de algunos de los relatos del libro mencionado. Para mí fue bastante como para que me sonara el nombre del autor (un nombre muy fácil de recordar y muy apropiado, pues su estilo a la hora de escribir recuerda bastante a Poe). Por lo que he podido comparar “Leyendas del Ecuador” e “Historias espectrales”, los cuentos que aparecen en este último parecen descartes del anterior, los cuales, por su temática, merecieron figurar en una obra diferente. Porque, si bien lo que diferencia ambos libros es que en el primero se cuentas leyendas más generales de estas tierras mientras que “Historias espectrales” está dedicada a aquellas que tienen relación con lo sobrenatural (algunas, que el último de los cuentos, “Bella Aurora”, sólo nos muestra cómo eran los festejos taurinos en el Quito colonial), el nexo de unión es la forma tan particular de narrar y reescribir las tradiciones populares que tiene Edgar Allan García. Uno de los cuentos que escuché de “Leyendas del Ecuador” es el titulado “El Yavirac”. Me resultó una historia muy interesante, un ejercicio de imaginación en el que el autor fusionaba elementos y formas tomadas de “Las mil y una noches” con el ambiente propio del fin del incario. No fue hasta después que me di cuenta que lo que me había contado García en ese cuento era la popular tradición de “La olla del Panecillo”, una de las más conocidas del Ecuador.
Lo mismo ocurre con esta obra. Sólo hay que buscar un poquito para encontrar que la base de los cuentos de este libro están ahí, que desde hace años se asustan a los niños de Zámbiza con la aparición de la Piedra yumba o que todo el mundo sabe que entre los muros de alguna vieja casona el Alamor hay una mujer emparedada esperando que la encuentren. La virtud del autor está en construir un clima de fábula alrededor de sus historias.
Sobre el estilo sólo pudo decir que García sabe adecuarlo perfectamente a lo que pide cada uno de sus relatos. Si el cuento está narrado por un anciano a un grupo de niños el estilo será sencillo, suave y el narrador salpicará su discurso con canciones y poemillas. Si la historia la cuentan los herederos de Naún Briones (me basta que aparezca este nombre en texto para que despierte mi interés; próximamente releeré y comentaré “Polvo y Ceniza”, de Eliécer Cárdenas, una de mis novelas favoritas), el tono será repetitivo, monótono, truculento y desordenado, como si realmente fuera un bandido analfabeto el que lo estuviera contando.
En fin, una colección de cuentos muy grata aunque algo escasa, ya que la mayor parte de ellos se despacha en un par de páginas. De hecho me gustan mucho los hiperbreves (los que están bien hechos, que algunos autores se escudan con la excusa de la economía de palabras para justificar su pereza), pero algunos de estos cuentos pedían, a mi entender, una mayor profundidad.

Puntuación: 88/100

Descarga directa HISTORIAS ESPECTRALES Edgar Allan García

sábado, 3 de octubre de 2009

LEYENDAS Y TRADICIONES QUITEÑAS - Oswaldo Rivera Villavicencio

Título: Leyendas y tradiciones quiteñas

Autor: Oswaldo Rivera Villavicencio (1930)

Año de publicación: 2008

Edición: Sur editores, segunda edición, octubre 2005

Páginas: 120, nota del editor, introducción, 3 apartados y bibliografía

El desarrollo cultural encamina a reflexionar sobre hechos históricos de las civilizaciones, fruto de la evolución social y el desentrañamiento de aspectos que encierran circunstancias y vidas de nuestros antepasados, fortalecedores de la historia y la geografía, prehispánicas e hispánicas configurantes y específicas.

Oswaldo Rivera Villavicencio, autor de obras históricas, literarias, filosóficas y narrativas que pasan de una treintena, transmite su producción titulada "Leyendas y tradiciones quiteñas" e historietas que aclaran los orígenes y el desarrollo de nuestros pueblos configuradores de la realidad socio-cultural, en la cual se descubren hechos, leyendas, relatos, costumbres, tradiciones, con sus modos de ser, sus angustias, padecimientos, esperanzas y el contenido del "despertar de la conciencia de la propia identidad".

La historia de Quito, Patrimonio de la Humanidad, se manifiesta en la trayectoria material y espiritual, en el modo de crecimiento y adelanto de la cultura, en enriquecer y cuidar las aportaciones y potencialidades, relacionando principios anímicos, las facultades de interacción social y de participación para dimensionar la sabiduría popular, el arte, la civilización, las leyendas y tradiciones de quitus, incas y españoles, sus callejuelas, quebradas, iglesias y la historia de los valores colectivos frente a la libertad de "Quito, Luz de América".

Nadie en el mundo se puede siquiera imaginar lo satisfecho que estoy de haber comprado y leído este libro. Es para estarlo.
En los momentos en los que estoy escribiendo esta entrada (29 de abril), que no tiene por qué ser el mismo en el que lo publico, estoy pasando las vacaciones en Quito, Ecuador. Sabido será por quien haya leído artículos míos anteriores que soy un gran aficionado a la literatura ecuatoriana (con excepciones, por supuesto), pero que en Madrid, ciudad en la que resido, me resulta poco menos que imposible adquirir obras nacidas en estas tierras. Pues bien, estoy aprovechando este viaje para renovar mi biblioteca así que mejor prepárense porque en los próximos meses este blog va a ser prácticamente monotemático.
Como además soy un enamorado confeso tanto de Quito como de las leyendas populares, estuve buscando de librería en librería una obra que me mostrase los rincones misteriosos de la ciudad con el fin de que me acompañase en mis paseos por la misma. Como sabrán mis conciudadanos madrileños, no es lo mismo pasear por el Madrid de los Austrias sabiendo que desde el balcón aquel que se asoma a esta callejuela se ha aparecido en más de una ocasión el fantasma de Torrebruno.
Entonces, me compro este “Leyendas y tradiciones quiteñas”, de Oswaldo Rivera Villavicencio. Abro el libro por la mitad y comienzo a leer la historia que se me presenta, titulada “El arte del libertador Bolívar”. Resulta que en una ocasión, después de completada la independencia de Latinoamérica, Simón Bolívar estuvo invitado a un baile entre la alta sociedad quiteña. Resulta que el Libertador demostró ante la concurrencia que era un gran bailarín…………………………………………………
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En una película del oeste ahora pasaría rodando una bola de espino……………….
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Pues efectivamente, esta es la leyenda (o la tradición, que no me queda muy claro cómo definirla). No hay nada más. Bolívar no le salvó la vida a nadie en la fiesta realizando una traqueotomía de urgencia con una cucharilla de café ni se le presentó el espectro de Prudencio Aguilar para hacerle compañía. Simplemente bailó.
Está bien, puede ser que el autor considerase importante meter en el libro un historia en la que se relacione a Bolívar con la ciudad de Quito, aunque fuese una chuminada.
Veamos otra historia.
“Monumento a los héroes”.
Anteriormente en medio de la Plaza Grande había una pileta. Desde el año 1888 el congreso solicitó que se construyera un monumento allí en memoria de los héroes de la independencia del Ecuador. Sin embargo no fue construido hasta que Eloy Alfaro fue investido presidente y empezó a recaudar fondos. El monumento fue inaugurado en 1906.
Y sobre este tema ya no hay nada más que decir.
En eso consiste este libro, en contar cosillas sin la menor importancia con el único fin de rellenar páginas. En realidad esta obra habría quedado más propia titulada como “Anécdotas triviales ocurridas en la ciudad de Quito y alrededores (a veces no tan alrededores, pues el autor mete al final unos relatos absurdos ambientados en Cotopaxi) que no le importan a casi nadie”.
En alguna ocasión el autor intenta ponerse más estupendo y entonces es cuando la caga en condiciones. Pondré como ejemplo un cuento dedicado a la heroína Juana Tipantasig. Resulta que en tiempos de la colonia Juana Tipantasig, una mujer indígena, lideró una pequeña revuelta contra las injusticias de los españoles. Ellos al final la capturan, le dan tormento y la ejecutan. De aquí se podría haber sacado una historia al menos apañada siempre y cuando el autor no dedique media página a la vida, obra y muerte de la protagonista y página y media a describir su tumba y cómo su cuerpo colorea la hierba, y el cielo es más azul gracias a ella, y todas esas chuminadas tan jipis…
Para acabar de comentar sobre las “””””leyendas””””” (si lo entrecomillara como se merece no me cabría más texto) que contiene este libro no puedo resistirme a hablar de aquella en la que se cuenta cómo llegó el fútbol a la capital, relato que se reduce al fina a un puñado de datos históricos y a una enumeración de los equipos que han jugado y juegan en Quito.
Llega ahora el terrible momento que he querido demorar al máximo en este comentario. Ya no lo puedo alargar más. Me toca hablar del estilo. Aunque soy consciente de que hay muchos matices entre ambos extremos, el estilo a la hora de escribir puede ser funcional, si el autor considera que lo más importante es que al lector le quede claro lo que se intenta contar, o florido, si al autor no le importa tanto el fondo de la historia y prefiere recrearse con las palabras. Pues bien, el estilo de este libro deja claro que lo que le importa al autor es que al lector le quede bien claro que tiene un vocabulario más amplio que él. Bueno, que él y que nadie. En otras palabras, es redicho, pero redicho hasta el cansancio. No es retorcido hasta el punto de que no se entiendan las historias (ojala lo fuera, así al menos podríamos creer que nos cuentan algo interesante) si no más bien hasta el punto de que, después de leídas un par de páginas, consideres que leer debe ser el acto más aburrido del mundo.

Puntuación: 23 sobre 100