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lunes, 14 de enero de 2013

LEONCIO ZAMBRANO Y EL MANUSCRITO DE QUITO - Xipali Santillán


Título: Leoncio Zambrano y el Manuscrito de Quito

Autor: Pablo Lizandro Santillán Caicedo (Quito, Pichincha)

Año de publicación: 2012

Edición: Kindle

Páginas:  32

"Llueve y hace sol en la ciudad de Quito. Un verano mediocre lanza goterones sobre techos, aceras y calles, el ruido al golpear las tejas compite con el griterío de doñas que no saben si ocuparse de su ropa tendida o quedarse en la ventana mirando a los paseantes correr y chocar cabizbajos. Sin dejar tiempo para habituarse al frío y el sol ya hunde sus dedos ardientes en el pavimento, transformando la lluvia en pelusas de vapor que viajan colgadas de miles de pares de piernas que no veían la hora de retomar su rutina de soldaditos desmemoriados. Se me antojan fantasmas bailarines que invitan a disfrutar la paradoja climática. Pero ni la lluvia, ni las volutas de agua, ni el anillo multicolor rodeando a la estrella surten efecto; no hay manera, el Movimiento se ha apropiado de la mente y alma de todos. Si tan solo se detuvieran a conmoverse por esta milagrosa ciudad, quizá entonces dejaríamos de vivir envueltos en sombras".
Las aventuras, desdichas y pasiones propias del oficio de la investigación paranormal se desarrollan entre las montañas y valles de Quito, una urbe que como cualquier otra es más que un amasijo de concreto, cables y gente. No importa si es en inglés, italiano, castellano o kichwa, alrededor del mundo se habla de un Movimiento, una masa que experimenta su existencia como la rana atrapada en una olla, sometida al calor hasta dejarse morir. Leoncio Zambrano y sus colegas, procuran resolver casos en un medio marcado por situaciones que sin dejar de ser absurdas, se manifiestan en nuestra cotidianeidad. Sin duda esta obra trata sobre el Ecuador de ahora, y sobre cada uno de los países de la tierra. 
'Las increíbles aventuras de Leoncio Zambrano' es una serie de relatos policiales cuya primera entrega es 'Leoncio Zambrano y el Manuscrito de Quito', con el que empieza la interminable búsqueda de una lectoría curiosa y atenta. 

Nuevo año, nueva entrada. Después del comentario anterior, que, si no me equivoco, fue el más extenso que he publicado en este blog hasta ahora, hoy quiero presentar este, más corto de lo habitual, para compensar. El título del que voy a hablar es “Leoncio Zambrano y el Manuscrito de Quito”, una novela corta que encontré por azar en la tienda Kindle de Amazon (éste es el enlace), escrita por Xipali Santillán. Es el primer volumen de una serie de novelas proyectadas por el autor, la única que se puede leer actualmente.
Leoncio Zambrano es un investigador de lo paranormal en Quito, en un futuro sin ubicar (aunque no muy lejano por lo que se entiende). Con su compañera, la teniente Sara, tiene que investigar la desaparición de un inspector de un inspector de Sanidad.
Y ya. No puedo contar más de la historia. No sólo por evitar spoilers sino también para no traicionar uno de los elementos que mejor funciona en esta historia: la economía de recursos.
El autor elabora un mundo, una ambientación (a menudo recordará a distopías como las de Huxley, Orwell o Bradbury) tan rico e interesante que se podría haber permitido escribir una novela muy extensa, explicando el origen y los detalles de cada elemento. Sin embargo el camino que toma Xipali Santillán es precisamente el opuesto. Nos presenta una realidad de forma natural, como si siempre hubiera estado allí, por lo que no tiene la necesidad de explicarla: la sociedad está dirigida desde hace mucho tiempo por algo conocido como «el Movimiento», que impone una serie de directrices en el modo de pensar y de comportarse; este Movimiento se opone a los «Tierrenos», como denomina despectivamente al mundo indígena; la historia que se narra está ambientada en un futuro donde hasta el país ha perdido su nombre (si bien se escatima el nombre nuevo). Y poco más. Ni siquiera está definida la función del protagonista (pese a estar narrado en primera persona son pocos los datos que podemos localizar de este personaje, siempre camuflados dentro de la misma narración).
Esta decisión del autor me parece sumamente valiente y adecuada. Consigue sumergirnos en un mundo opresivo donde hemos sido abandonados. Sabemos menos que los personajes.
Por supuesto, el combinar esta economía de recursos con el empleo de la primera persona sobre algunos problemas. El fundamental es que, mientras al protagonista acabamos conociendo razonablemente bien (por lo que dice y por lo que calla), el resto de personajes que aparecen están más desdibujados. Quizás el mayor ejemplo lo podemos encontrar con la teniente Sara. Representa una función, la de la visión más dogmática y ortodoxa, contrapunto del protagonista, y a este función se consagra durante gran parte de la novela, no dejándonos conocerla mejor. He de recordar, eso sí, que estoy hablando del principio de una saga, por lo que el autor tiene margen para desarrollar al personaje en las entregas siguientes.
En definitiva, esta obra me ha supuesto un hallazgo más que interesante cuya lectura recomiendo y sobre cuya continuidad estaré atento. Y como precisamente quiero que continúe, pondré en la biblioteca no la obra en sí sino el enlace para su compra. 

Puntuación: 80/100

sábado, 16 de junio de 2012

EL INSTINTO DE LA LUZ - Cristián Londoño Proaño



Título: El instinto de la luz

Autor: Cristián Londoño Proaño (Quito, Pichincha, 1973)

Año de publicación: 2011

Edición: Auto-edición

Páginas: 129, 24 capítulos

Un día de abril, la vida de Awi Tenesaca, un joven campesino de un pueblo de los Andes, tiene un giro drástico cuando se entera que es el viñachiska del yachac del pueblo. Él es el hijo espiritual de Taita Wairi, un ser mágico y poderoso. Su vida rutinaria se transforma en una existencia con criaturas míticas y peligrosas situaciones. Sus aventuras transcurren entre Jahua Pacha y Uku Pacha: entre el mundo de arriba y el mundo de abajo. Su mentor, Taita Wairi, lo guía en la aceptación de su nuevo destino: salvar al pueblo de la venganza de un viejo enemigo.
"El instinto de la luz" es la novela de Cristián Londoño Proaño. Es una historia llena de intriga, escrita de manera visual y a un ritmo que atrapa al lector. Esta novela se desarrolla en la sierra ecuatoriana, en una zona cargada de magia, espiritualidad y armonía. Los mitos se mezclan con la realidad, haciendo de esta novela un relato espiritual con códigos y lenguajes propios, que navega entre el mundo andino y el occidental, concibiendo en el ser humano una conexión intrínseca, donde sus valores humanos se enlazan y prevalecen.

Bueno, ahora que podemos decir por fin que la biblioteca está en marcha (un millón de gracias a Alfredo Baldeón, sin cuyo trabajo no habría sido posible). El blog, definitivamente, ha vuelto a la normalidad.
Aunque ya lo he repetido en numerosas ocasiones, quiero recordar el motivo principal por el que abrí esta página. Me desconcertaba el hecho de que, a pesar del reconocimiento que tuvo la narrativa hispano-americana en el mundo entero durante el siglo XX, no hubiera ningún autor ecuatoriano especialmente conocido. Siempre he mantenido que la mejor forma de llegar a conocer el corazón de un país y de una sociedad es a través de su literatura. Así pues, tuve oportunidad de conocer el corazón del Ecuador y me sentí en la necesidad de difundirlo en la medida en que lo permitieran mis limitados recursos. Por eso inicié este proyecto, y son muchas las satisfacciones que me ha aportado personalmente.
Sin embargo nunca se me había presentado una situación como esta. Hasta ahora los libros que he comentado han sido los que han caído en mis manos, esto es, los poquísimos que se han editado o distribuido en España y la pequeña biblioteca que he podido dar forma en mis viajes a Ecuador. En esta ocasión, con el libro que hoy nos ocupa, ha sido el mismo autor el que se ha puesto en contacto conmigo y me ha remitido una copia de su obra para que la comente. Por supuesto, le he dado prioridad absoluta. Qué menos.
En primer lugar quiero dar las gracias a Cristián Londoño por depositar en mí su confianza. También quiero aprovechar para animar a todos aquellos autores que deseen hacer lo mismo. A fin de cuentas es de y para todos ellos. Mi cuenta de correo es freddytumbalobos@yahoo.es
Por otro lado esto supone también un compromiso para mí. ¿Qué pasa si no me gusta? ¿Podría ser objetivo, teniendo en cuenta que ha sido el mismo autor el que me ha ofrecido la novela? Quiero creer que sí y que él no esperaría ni agradecería condescendencia por mi parte pero, afortunadamente, no se me ha presentado esta disyuntiva. Esta novela la he disfrutado.
“El instinto de la luz” es una obra atípica dentro del panorama de la literatura ecuatoriana. Al menos en los libros que he leído hasta el momento nunca me había encontrado con una apuesta tan firme por la fábula. Y eso que el folklore local permite trabajar de forma satisfactoria en el campo de la fantasía, como aquí se demuestra.
La historia narra las aventuras de Awi Tenesaca, un joven de un pequeño pueblo de la sierra, que se revela como heredero de las artes mágicas de Taita Wairi, una especie de chamán. En el transcurso de la misma el protagonista cruza los umbrales de la realidad, enfrentándose a las maléficas fuerzas que pretenden tomar nuestro mundo.
Cristián Londoño se la juega con este planteamiento, pues ya tenemos muchos referentes de historias parecidas en la literatura juvenil y en el cine. Esto es, toma una plantilla que ya conocemos, la del joven elegido por fuerzas que no comprende, el maestro anciano y poderoso que le tiene que mostrar el camino hacia sus verdaderas capacidades y el villano terrible, al que se enfrentó una vez el maestro pero no pudo derrotar del todo. Sin embargo los clichés no suenan a gastado porque plantilla y ambiente se funden en perfecta armonía. El autor acierta plenamente con la ambientación. No se trata sólo de tomar como base la cosmogonía andina, que también. El acierto, para mí, es presentar un escenario onírico y atemporal, aún cuando la acción se desarrolla en el plano del mundo real. De alguna forma me recordó al contexto intrahistórico que utilizaba Miguel de Unamuno en algunas de sus nivolas: localizaciones pequeñas y aisladas, con las mínimas referencias externas, de forma tal que puedan estar ubicadas en cualquier lugar y en cualquier época. Lamentablemente creo que el autor quiebra esa ilusión en momentos muy puntuales, utilizando neologismos (como “chequear”) o expresiones y conceptos más modernos que sitúan la acción (al comenzar el protagonista esta jugando penales con sus amigos, y en algún momento se hace referencia a un traslado en coche). Ocurre pocas veces, y seguramente el autor, al escribir, sí tenía en mente una época reciente, pero realmente creo que una de las grandezas de la novela es poder situarla  tanto en la actualidad como en época de la Colonia, y este efecto se resquebraja en determinados puntos.
Respecto a los personajes principales, me gusta la química entre maestro y alumno. Especialmente el hecho de que, en determinadas ocasiones se insinúe que la confianza de Awi hacia Taita Wairi no es completa. Por otro lado me cojean la mayor parte de los personajes secundarios, que no están definidos con tanta profundidad como los protagonistas y a menudo su personalidad se desdibuja y se confunda.
Lo que más echo de menos es un villano con carácter. Aquí no es más que una amenaza estándar, una sombra que se proyecta por los márgenes de la novela. Sin embargo aún no he dicho que “El instinto de la luz” nace con vocación de continuidad, por lo que confío en que esta impresión se anule en los siguientes volúmenes de la saga.
Por último sólo me queda agradecer una vez más a Cristián Londoño por permitirme disfrutar de su creación y recomendar a todo el mundo que la compre. Aunque la Biblioteca de Autores Ecuatorianos ya esté en marcha, espero que me disculpen si en esta ocasión no cuelgo la novela. Como comprenderán, sería un abuso de confianza por mi parte. Además, necesito que la compren por motivos puramente egoístas. Quiero que el autor continúe con la historia.

Puntuación: 83/100

viernes, 10 de febrero de 2012

QUE TE PERDONE EL VIENTO - Eliécer Cárdenas


Título: Que te perdone el viento

Autor: Eliécer Cárdenas Espinosa (Cañar, Cañar, 1950)

Año de publicación: 1993

Edición: Libresa, colección BNE, segunda reimpresión, junio  1996

Páginas: 196, 11 capítulos

Cuando evoca las vertientes poéticas de “Polvo y Ceniza”, Eliécer Cárdenas reitera su amor por la leyenda viva de héroes carnales y concretos que, sin embargo, se han diluido en la conciencia de los ecuatorianos como mitos. Del mismo modo pausado, elegante y preciso con el que, en su momento, rescató la imagen de Naún Briones esta vez, en “Que te perdone el viento”, el diestro escritor azuayo convoca la memoria de dos ilustres figuras nacionales, separadas por la ideología y la política pero unidas, de manera distinta, en un mismo devenir histórico: el arzobispo Federico González Suárez y el general de la revolución liberal, Eloy Alfaro.



Tristemente ya estoy de regreso en Madrid. Acabó mi viaje por tierras ecuatorianas, un viaje que ha sido especialmente productivo para mí. Además vuelvo con una buena colección de libros a comentar en el futuro. Y no sólo cantidad. Si la calidad de los próximos se acerca siquiera mínimamente al que comentaré hoy, voy a ser muy feliz haciéndolo.
Hoy hablaré de “Que te perdone el viento”, de Eliécer Cárdenas. De este autor ya leí y comenté hace un tiempo la que es su obra más popular, “Polvo y Ceniza”. Y esa novela me dejó tan buen sabor de boca que me he resistido a leer alguna otra suya por miedo a que me decepcionase.
Me decidí por fin a leer esta, quizás por sentimentalismo. Me encontraba en Quito justo cuando se cumplía el centenario de la Hoguera Bárbara, el brutal asesinato de Eloy Alfaro, y quise leer algo de este personaje (próximamente comentaré otra obra dedicada al Viejo Luchador). Leí la contraportada de este libro y fui engañado por lo que me decía, aunque bendito engaño.
Vamos a ver, comenzaré diciendo que es falso que esta novela hable de dos de las figuras claves de la historia ecuatoriana, el presidente Eloy Alfaro y el arzobispo González Suárez. No sé si a ustedes les sugiere eso el texto que he copiado más arriba, pero a mí, sí. En realidad el protagonista absoluto es el arzobispo de Quito. Si bien es cierto que la novela parte de la noche de la Hoguera, durante toda la obra nos sumergimos en la vida de Federico González Suárez, desde su infancia humilde en las calles de Quito, luego como misionero jesuita en las selvas del oriente del país, su ordenación como sacerdote en Cuenca, su afán por escribir la obra definitiva sobre la historia del Ecuador, sus funciones como obispo de Ibarra y, por fin, como arzobispo de Quito y cabeza de la Iglesia en el país.
Alfaro aparece, por supuesto, pero casi como un fantasma cuya presencia tiene el fin de perturbar, de alguna manera, al protagonista.
La narración no es lineal, como podría esperarse en el autor. Eliécer Cárdenas juega con los recuerdos del arzobispo, con sus diarios, con sus reflexiones, con su vida, pero la estructura de la novela no está embarullada en absoluto. Siempre sabemos de qué está hablando, a qué personajes y a qué tiempos se refiere.
Otro logro de Cárdenas, que también encontramos en su momento en “Polvo y Ceniza”, es la intensidad con que el lector empatiza con el protagonista. Da igual que se trate de un bandido o de un miembro del clero (personalmente, no sé qué me da más miedo), una vez se llega al final he sentido la necesidad de saber más de él, de creer que todo lo que acabo de leer es rotundamente cierto, que no es literatura, que es historia.
Y aseguro que se trata de literatura, y de la mejor. Aunque en principio todo lo que se cuenta parte de la noche trágica del 28 de enero de 1912, cada capítulo toma un rumbo diferente y va a parar a un momento de la vida de González Suárez. Y cada capítulo está narrado de una forma distinta, con una voz y un estilo distinto. Y cada capítulo está construido de forma tan precisa, tan armoniosa, que es muy difícil quedarse con momentos puntuales.
Sin embargo, lo voy a hacer. Me voy a quedar con dos capítulos que me han parecido prodigiosos: “Las portaleras, madre”, donde se remite a su infancia y el personaje/autor reflexiona sobre la verdadera misericordia; y, sobre todo, “Un libro de oraciones”, donde el arzobispo se da cuenta de su derrota, después de dedicar años a investigar la historia de su país para poder conocer su alma, y, en una noche, por un acto de barbarie, entiende que nunca lo consiguió.
Por supuesto no puedo hacer otra cosa que recomendar fervientemente la lectura de esta novela, imprescindible en todos los sentidos. Nada falta, nada sobra, todo encaja.

Puntuación: 95/100

Posdata. Aunque no he podido leer tanto como hubiera deseado sobre Eloy Alfaro en esta obra, valga esta entrada como homenaje a su memoria. Y, aprovechando que su verdadero protagonista es un insigne historiador ecuatoriano, mi recuerdo también para otro, recientemente fallecido, don Jorge Salvador Lara, quien más me ha ayudado a conocer este país al que tanto amo.



lunes, 23 de enero de 2012

MEMORIAS DE LA PIVIHUARMI CUXIRIMAY OCLLO - Alicia Yánez Cossío


Título: Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo

Autor: Alicia Yánez Cossío (Quito, Pichincha, 1928)

Año de publicación: 2008

Edición: Manthra Editores, segunda edición, diciembre 2008

Páginas: 237

Con peculiar magia, Alicia Yánez Cossío recrea un ángulo perdido y rescatado de nuestra historia patria.
Prosa limpia y amena, investigación prolija del pasado, coraje y ternura, son suficientes aspectos como para insertarnos en un sistema de vida fascinante e inaudito, donde el poder conquistado con sangre y fiereza no siempre es sinónimo de victoria. Y el imperio incásico es la confirmación de ello.
Con esta nueva obra, Alicia Yánez ratifica su esplendidez narrativa.
Violeta Luna – Escritora

“Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo” es la cuarta novela histórica que brota de la pluma de Alicia Yánez y narra la vida de la hija de Huayna Capac, padre también de Atahualpa, que por tradición tenía que casarse con su hermano. Realizada la conquista que se salda con el asesinato de Atahualpa en manos del conquistador Francisco Pizarro, Cuxirimay Ocllo es codiciada por el asesino de su marido y se convierte en su esposa. Pero este no es el fin de la historia. Cuando a Pizarro le llega la muerte como consecuencia de la guerra civil entre Almagros y Pizarros, Cuxirimay Ocllo se casa con Juan de Betanzos, quien deja escrita para la posteridad lo que su esposa le relata de los increíbles acontecimientos de la conquista del Perú. Alicia Yánez rescata la historia de Betanzos y la convierte en una narración ágil y llena del colorido andino con la que resalta la personalidad de Cuxirimay Ocllo, a quien le tocó vivir uno de los momentos más extraordinarios de la historia de América.
Francesca Piana – Historiadora


Alicia Yánez Cossío, novelista de reconocido prestigio, ha dado a la literatura ecuatoriana numerosas novelas y ha logrado que cada una de ellas se convierta en un hito importante en su carrera de escritora.
“Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo” se remonta a la época del imperio de los incas y se inicia cuando Huayna Capac celebra el nacimiento de una niña, concebida en Tocto Ocllo, y que estaría destinada a ser la pivihuarmi o esposa principal de un inca notable, en este caso, de su hermano Atahualpa.
Alicia Yánez recrea esta historia que es parte de la novela de la patria, valiéndose de narraciones que figuran en antiguos relatos y manuscritos que fecunda con la semilla de su imaginación, para reproducirlas en la rica y transparente prosa de su novela.
Claudio Mena Villamar – Miembro de la Acadermia Ecuatoriana de la Lengua


A la escritora quiteña Alicia Yánez Cossío le sobran las virtudes, entre ellas hay dos básicas: con sus novelas históricas reinagura un género en el país y nos pone a la altura de la modernidad europea.
En esta nueva novela llega una mujer indígena muy poco conocida para los ecuatorianos. Y llega para acercarnos en imagen y en sustancia a nuestros propios orígenes y al inicio del drama del mestizaje. Qué gran favor le debemos a Alicia.
Fernando Jurado Noboa - Historiador


Antes de comenzar el comentario de hoy debo explicar lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir con la Biblioteca de Autores Ecuatorianos. Es cierto que hace ya mucho que no la actualizo por problemas técnicos. No es sólo que escanear un libro me toma bastante tiempo, tiempo del que actualmente no dispongo. Además mi escáner no funciona demasiado bien y tendré que cambiar de equipo. Pero estos problemas ya los había mencionado con anterioridad. El problema actual está relacionado con los libros que ya estaban disponibles para la descarga, y ese problema se llama Megaupload.
Como ya sabrán, la semana pasada el FBI clausuró esta página de almacenamiento, página en la que estaban colgados todos los ejemplares de la Biblioteca.
De momento no puedo hacer nada pero, cuando regresa a España, buscaré los originales (si es que los encuentro) y los colgaré en algún otro directorio. Por ello, lamentablemente, esta Biblioteca de Autores Ecuatorianos queda en una inevitable pausa.
Ahora sí, puedo empezar el comentario de “Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo”, de Alicia Yánez Cossío.
Esta es la segunda novela que comento de la autora quiteña y de nuevo se trata de una novela histórica. Si en “Sé que vienen a matarme” relataba la vida y la muerte del presidente Gabriel García Moreno, en la que hoy nos ocupa se centra en el personaje de Cuxirimay Ocllo, la que fue hermana y esposa del Inca Atahualpa, luego del conquistador Francisco Pizarro y, por último, del historiador Juan de Betanzos, quien escribió su famosa obra “La Suma y Narración de los incas” gracias a las historias que ella le contó.
En esta novela me ha pasado una cosa que no me ocurre con frecuencia. Al leer su resumen (tal y como aparece en los textos de la contraportada) se me generaron unas expectativas que no se han cumplido. Hace unos años leí la novela “Malinche”, de la escritora mexicana XXX. En ella la protagonista es la Malinche, una mujer perteneciente a la nobleza azteca que se alió con los conquistadores españoles, como intérprete y amante de Hernán Cortés, en el ocaso del imperio de Moctezuma II. Disfruté mucho la lectura de aquel libro, pues recreaba con minuciosidad aquellos hechos, justificando los actos de cada uno de los personajes.
Pensé que estas “Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo” sería el equivalente con el Tahuantinsuyu, y no lo es.
En la mayor parte de este libro, digamos las tres cuartas partes, Cuxirimay no participa como protagonista, siendo una mera oyente de la historia. Nos encontramos con varios maestros que narran el pasado de los incas a la niña Cuxirimay. Primero su aya, la mitima Ninacuri, luego el shamán Kochu y, por último, su propia madre Tocto Ocllo, le cuentan las vidas de sus antecesores, sobre todo de los últimos Incas, Pachacutec, Tupac Yupanqui y su padre, Huayna Capac.
Estas historias están bien narradas pero no es nada que no hubiera leído antes en “El camino del Sol” de Jorge Carrera Andrade o “Atahualpa”, de Manuel Benjamín Carrión (sí varían ciertos acontecimientos, como los referidos al origen de Atahualpa, lo cual es normal existiendo tantas fuentes discrepantes).
Después las historias de los incas alcanzan el momento de la narración y Cuxirimay pasa a un discreto segundo plano. La autora cuenta la guerra entre Atahualpa y Huáscar y el desastre de Cajamarca casi como una historiadora y no es hasta el final, pero justo el final, cuando Cuxirimay regresa a contar la historia de su pueblo a Juan de Betanzos.
Podríamos decir que se trata de un libro de historia camuflado como novela, pero no sería justo.
La verdad es que, a pesar de que no era lo que esperaba, no he quedado decepcionado. La narración se mantiene fresca y ágil gracias a un eficiente uso de los diálogos. Cuxirimay interrumpe a sus maestros con preguntas, réplicas y reflexiones. La niña se siente atraída y espantada por los hechos de sus antepasados. Quizás se podría criticar que la mentalidad de muchos de los personajes no es propia de su época, siendo más del siglo XXI, pero supongo que es necesario para conseguir la empatía del lector. En definitiva, una novela interesante que da a conocer de manera muy amena unos momentos decisivos en la historia de América, el temido Pachakuti, el fin de los tiempos. 
Puntuación: 88/100

sábado, 14 de enero de 2012

DOCE RELATOS / LOS SANGURIMAS



Título: Doce relatos. Los Sangurimas


Autor: José de la Cuadra y Vargas (Guayaquil, Guayas, 1903; Guayaquil, Guayas, 1941)

Año de publicación: 1934 (novela)

Edición: Libresa, colección Antares, segunda edición, tercera reimpresión, marzo 2009

Páginas: 285, 12 cuentos y 1 novela

Los Doce relatos contenidos en este volumen evidencian la calidad literaria que hace que De la Cuadra sea considerado el gran maestro de los escritores del llamado «Grupo de Guayaquil»: su realismo, sin abandonar el tratamiento de temas campesinos característico de su generación, incorpora elementos urbanos que le dan un tinte distintivo.
La novela corta Los Sangurimas es reconocida como precursora del realismo mágico. Su estructura responde a la del matapalo, el árbol montuvio: Nicasio Sangurima es el robusto tronco del cual se desprenden ramas, vigorosas todas, pero muy diferentes entre sí: comerciante es un hijo, sacerdote otro, abogado uno más, coronel el predilecto. Pactos con el diablo, crímenes inconfesables, amancebamientos, amores trágicos, la mágica cotidianidad montuvia, constituyen el transfondo de esta gran obra, una de las más importantes de la narrativa ecuatoriana de todos los tiempos.

Al fin, con cierto retraso respecto a lo anunciado, publico una nueva entrada del blog.
Además, esta es una entrada muy especial. Primero, porque trata sobre una novela a la que tenía muchas ganas, “Los Sangurimas”, de José de la Cuadra, una obra que sienta un precedente de lo que se llamaría después Realismo Mágico, el ¿género?, ¿corriente literaria? que ha dado más gloria a la literatura en español del siglo XX (por lo menos ha dado la que para mí es la novela perfecta, “Cien Años de Soledad” de Gabriel García Márquez; ya no sé cuántas veces la habré leído). Y, segundo, porque escribo (y publico) estas líneas desde Quito, en el que es mi tercer viaje a las bellísimas tierras del Ecuador. Por supuesto estoy aprovechando el viaje para conocer aún mejor el país y para renovar mi biblioteca, por lo que espero que pueda actualizar el blog con más frecuencia en lo sucesivo.
Centrándonos en la obra que voy a comentar, la novela, al menos en la edición que he tenido el gusto de leer, viene acompañada por una selección de doce relatos publicados por el autor en diferentes libros. En concreto aparecen los siguientes:
De “Repisas”: El fin de la “Teresita” y Chumbote.
De “Horno”: Barraquera, Cólimes Jótel, Chichería, Olor de cacao, Banda de pueblo, Ayoras falsos y La Tigra.
De “Guásinton”: Guásinton y El santo nuevo.
Sin publicar: Galleros.
En la mayor parte de estos cuentos el autor se centra en el mundo del montuvio ecuatoriano, aquel habitante de las provincias de la costa que viven de espaldas al mar, trabajando y viviendo de lo que da la tierra (y pido perdón por esta definición tan imprecisa y, acaso, incorrecta).
Todos estos cuentos están escritos con corazón. José de la Cuadra conoce al personaje y sus vicisitudes, por lo que es capaz de recrear el habla característica y el ambiente de forma excepcional. Con una gran economía del lenguaje (no se pierde en descripciones detalladas) consigue incorporar al lector al relato de un modo muy natural.
Sin embargo a mí no han conseguido entusiasmarme. Y el problema es mío, eso lo tengo claro.
Cuando yo pienso en cuentos, pienso en Borges, en Cortázar, en Monterroso,… De un relato espero que el autor me engañe, que me muestre una historia completa a pesar de su brevedad, con principio y final, que juegue con la realidad y con mi inteligencia. Por todo ello tengo un problema con los relatos costumbristas. No me basta con conocer retazos de la vida de algún personaje, por muy bien que esté construido; quiero que se le presenten situaciones que lo pongan a prueba, a él y a mí como lector, y eso no lo encuentro aquí.
Otra cosa muy diferente es la novela.
“Los Sangurimas” es una novela corta centrada en una familia de hacendados montuvios, la familia Sangurima.
La estructura de la novela puede ser similar a la de una colección de relatos cortos, ligados por una historia común. En fragmentos dispares en cuanto a la longitud, nunca demasiado largos, se narra la vida de los componentes de esta familia, desde que se levanta la hacienda “La Hondura”, hasta el acontecimiento que provoca su final.
“Los Sangurimas” me ha parecido una novela excelente que ha conseguido absorberme por completo. Tal vez sea porque el autor ha conseguido salpicar su narración con momentos extraordinarios (pactos con el diablo incluidos), además de por la creación de un personaje maravilloso, el patriarca don Nicasio Sangurima.
Este es el personaje central de la novela, el que levanta y mantiene la hacienda y el que, por su posición, desencadena su perdición. Es personaje muy rico en matices, que consigue despertar simultáneamente la empatía y la repugnancia del lector. Cada frase que pronuncia es una sentencia, pero no por eso cae en el estereotipo.
Para finalizar, aunque he disfrutado con algunos de los relatos seleccionados (me quedo con “La Tigra”, “Guásinton” y “El santo nuevo”) creo que la nota será más objetiva si puntúo sólo la novela.

Puntuación: 87/100

Posdata. Aunque tengo bastante claro cuál va a ser la próxima obra que comente he decidido no adelantarme, por lo que pudiera pasar. Sí voy a aprovechar para hacer un llamamiento a mis lectores ecuatorianos. Estoy buscando algo (una novela, un cuento, un ensayo, una biografía,...) que esté centrado en la figura de Rumiñahui. Hasta ahora mi búsqueda ha sido infructuosa. Por ello, si alguien me puede recomendar un título se lo agradecería mucho.

sábado, 5 de junio de 2010

EL RINCÓN DE LOS JUSTOS - Jorge Velasco Mackenzie

Título: El rincón de los justos

Autor: Jorge Eduardo Velasco Mackenzie (Guayaquil, Guayas, 1949)

Año de publicación: 1983

Edición: Libresa, colección Antares, segunda edición, 1990

Páginas: 221, Estudio introductorio + Algunos juicios críticos + Cronología + Bibliografía recomendada + Temas para trabajo de los estudiantes + 4 capítulos + epílogo

Jorge Velasco Mackenzie constituye, sin duda, una de las fuertes voces narrativas de la actual literatura ecuatoriana.
Velasco incorpora con esta novela, al escenario de lo literario, lugares y personajes que en el mundo real pertenecen a la esfera de lo marginal: en estas páginas se recogen sus vehemencias, su lenguaje, sus desafíos diarios, su detino trágico.

En el día de hoy regresamos a Guayaquil para comentar la novela corta de Jorge Velasco Mackenzie “El rincón de los justos”.

La novela le debe su título a un antro situado en un barrio marginal de la ciudad, Matavilela, barrio que tiene sus días contados pues va a ser desalojado por orden municipal. La novela se ambienta en el Guayaquil de finales de los años setenta (el autor es aún más concreto, haciendo coincidir la acción con uno de los sucesos más transcendentes y señalados de la ciudad: el fallecimiento y multitudinario velorio del cantante melódico Julio Jaramillo, ocurrido el 9 de febrero del año 1978 y que tendrá mucho peso en los personajes). Durante la corta fracción de tiempo en la que transcurre la obra (abarca de dos a tres días) vamos conociendo e integrándonos en el barrio. En tan poco espacio (la novela no dura más de ciento cincuenta páginas) seremos testigos y cómplices de cada uno de los personajes que pululan por este universo marginal: el bizco Fuvio, que pasa las noches espiando a una mujer; las dos Martillo, la virgen y la puta; Sebas, el más machito, líder espiritual de la comunidad; las Damas Tetonas de la Caridad, que recorren los peores lugares de la ciudad para recaudar las limosnas de las imágenes de yeso; el Diablo Sordo, que escribe secretos y analfabetos mensajes de amor a la mesera de “El rincón de los Justos”; Mañalarga y Marcial; el matrimonio Chacón; Paco y Blanca Aurora; Cristof; el Niño Avilés; Tello;…
Todos con una historia propia pero no aislada, que se cruza y que se mezcla con la de todos los demás conformando la radiografía de ese ecosistema tan distinto y tan igual en el mundo entero de un barrio marginal.
He de confesar que al principio la lectura de esta novela me resultó desconcertante y, por qué no decirlo, pesada. Esto lo achaco a la estructura de la novela. Está formada por cuatro capítulos que, a su vez, están compuestos por infinidad de fragmentos más o menos independientes. Cada una de estas secuencias está narrada de una forma distinta, ora en primera, ora en tercera persona (incluso hay alguna en segunda), por narradores distintos que nos se identifican. La cantidad de personajes y de subtramas que conforman la obra (además de la carencia de una trama principal) llega a abrumar en las primeras páginas, siendo imprescindible echar mano de las notas a pie de página para poder situarnos y saber en realidad qué está pasando. Pues bien, cuando toda esta confusión iba a hacer que etiquetara “El rincón de los justos” con el sello: Novela únicamente recomendada para aquellos que fueran capaces de pagar de la página 75 del “Ulises” de Joyce, de repente, la niebla se disipó.
De repente supe quién es quién, de repente me incorporé al relato, de repente un tostón de novela se convirtió en una narración apasionante que no pude dejar de leer hasta el fin. Y eso sin modificar su estructura inicial.
Esta novela presenta historias que son sublimes, dignas de ser consideradas como cuentos independientes. Es espectacular aquella en la que Sebas narra, en tiempo real y en primera persona, un partido de fútbol. O esa elegía póstuma a Julio Jaramillo escrita por uno de sus músicos.
Los personajes están muy bien desarrollados, son muy identificables y rebosan carisma. Además están bien balanceados, de tal forma que es difícil seleccionar a alguno por encima del resto (si tuviera que hacerlo me quedaría con el viejo Mañalarga, un botellero avaro y malhumorado que lee compulsivamente historietas de El Santo y fantasea con que regrese su hijo del servicio militar y se transforme en el héroe enmascarado).
El lenguaje se adecua perfectamente a cada uno de los muchos narradores, lo que también funciona como pista para ser identificados.
Todo lo expuesto es la grandeza de la obra de Velasco Mackenzie, la que no supe distinguir hasta que dejé de buscar el bosque y me recreé en los árboles. Y, por supuesto, ese es quizás también su hándicap, que no es una novela accesible para cualquiera, por más que la temática pueda resultar atractiva.

Puntuación: 94/100
 
Posdata. El día 19 de junio volveré para hablar de la colección de cuentos “Memorial de amores”, de Raúl Vallejo.

sábado, 22 de mayo de 2010

LAS CRUCES SOBRE EL AGUA - Joaquín Gallegos Lara


Título: Las cruces sobre el agua

Autor: Joaquín Gallegos Lara (Guayaquil, Guayas, 1911; Guayaquil, Guayas, 1947)

Año de publicación: 1946

Edición: Editorial EDYM, 1993

Páginas: 199; Introducción + 15 capítulos

"Las cruces sobre el agua" es definida certeramente por el ilustre escritor y ensayista ecuatoriano Adrián Carrasco en estos términos:
"Novela total y completa, que biografía a un pueblo; documento socio-político excepcional, que plantea nuevos conceptos de nacionalidad, cultura e historia ecuatoriana. Novela y documento que toma al pueblo como verdadero protagonista; que propone una visión alternativa a la ambivalencia realidad/ficción que sostiene la cultura oficial; que rescata y pondera el idioma popular, el hablar de la gente, en contraposición al español académico y normalizado, al que enriquece; que siembra en la memoria colectiva la figura de líderes políticos e intelectuales como Eloy Alfaro, Concha, Montalvo, etc; que critica, sin contemplaciones, la debilidad del propio pueblo en su organización y dirección; que expresa el primer rechazo social a la impunidad de la violencia del Estado."

Hoy vamos a hablar de otro clásico de la literatura ecuatoriana, uno de esos libros ante los que me tengo que enfrentar con respeto. Y no es fácil. Puedo criticar sin miedo una novela de un autor poco conocido o una obra menor de uno de los grandes pero, ¿qué pasa si manifiesto públicamente que no me gusta el Quijote (es sólo un ejemplo, siento devoción por el Quijote)? ¿Cómo quedo si no soy capaz de admirar las excelencias de una creación reconocida en el mundo entero? Tengo que recordar que este blog no es en absoluto académico, que en él me limito a volcar mis impresiones personales, lo que hace mis críticas completamente subjetivas.

En resumen, hoy comentaré “Las cruces sobre el agua”, de Joaquín Gallegos Lara, y que sea lo que dios quiera.
Esta novela se ambienta en la ciudad de Guayaquil a principios del siglo XX. El protagonista es Alfredo Baldeón, el hijo de un humilde panadero, quien desde joven muestra un carácter rebelde. Seguimos su trayectoria desde que, con quince años, participó en la revolución conchista en Esmeraldas del lado de los sublevados, hasta que, en el año 1922, fue uno de los cabecillas de las huelgas de su ciudad natal. A través de él vamos conociendo a una serie de personajes que forman parte del crisol en el que sobrevivía la sociedad guayaquileña y ecuatoriana de su tiempo.
Sé perfectamente que con el resumen que acabo de presentar no es sencillo hacerse una idea acerca de la trama del libro, pero es que la misma narración se presta a engaños. Los primeros capítulos parecen los propios de una clásica novela de aprendizaje. Tenemos a un personaje al que conoceremos desde su infancia y al que veremos madurar paso a paso. Pero luego, inesperadamente, se nos presenta otro personaje, Alfonso, un amigo de Alfredo, quien, durante un buen puñado de escenas, asume el protagonismo de la obra. Vemos la difícil situación de su familia, la rama pobre de una rica familia costera. Vemos su lucha por progresar y también somos testigos de sus amores. Y, de repente, se esconde en el segundo plano. El protagonismo lo retoma Baldeón pero ya no únicamente. La novela se transforma en una obra coral de la que salen personajes hasta de debajo de las piedras. Muchos de ellos tiene una aparición esporádica, apenas muestran rasgos de personalidad con los que podamos identificarlos e, incluso, en ocasiones hasta comparten nombres. Finalmente este batiburrillo se va ordenando y enfocando un poco en los últimos capítulos, con la trama revolucionaria.
Ignoro si se trata de una apreciación personal o bien Nelson Estupiñán Bass lo hizo premeditadamente, pero me doy cuenta de que la estructura de “Cuando los guayacanes florecían” es justo la opuesta de “Las cruces sobre el agua”. Si en aquella comenzábamos en medio de una revolución, luego se convertía en una obra coral y finalmente se centraba en las vicisitudes de un protagonista, en la novela de Joaquín Gallegos Lara en orden de estas partes es el inverso.
Seguramente la idea que parece que intento transmitir es que “Las cruces sobre el agua” me resulta una novela fallida, y esto es cierto relativamente. En efecto el ritmo y el desarrollo de la trama me parecen torpes, innecesariamente frustrante. Considero que la pretensión de Gallegos Lara era pintar un fresco de las gentes de Guayaquil y de cómo se vieron empujadas a pararse y gritar hasta aquí hemos llegado. Pero la multitud de nombres sin rostro no ayuda a que el lector comprenda la magnitud del suceso. Es contraproducente. La tragedia se vuelve farsa porque no llegamos a sentir cariño por ninguno de los personajes.
Por otro lado “Las cruces sobre el agua” me parece una obra digna de figurar entre los clásicos de la literatura ecuatoriana por una razón que ya mencioné al hablar de “Los guandos”. Joaquín Gallegos Lara maneja una prosa brillante. Las descripciones son más sensoriales que gráficas y la reproducción de las maneras de hablar de cada uno de los personajes, muy acertada. Con todo ello lo que quiero decir es que si la desgracia no se hubiera abatido sobre él demasiado pronto nos podríamos encontrar ante uno de los mejores autores latinoamericanos del siglo XX. Al igual que pasa con Gabriel García Márquez me da la impresión de que la literatura corría por las venas de Gallegos Lara, que no le suponía ningún esfuerzo escribir. Y si esta es su novela más conocida (también porque fue la única que pudo concluir) es porque, lamentablemente, nunca llegaremos a conocer sus obras de madurez.

Puntuación: 80/100
 
Posdata. En dos semanas le tocará el turno a Jorge Velasco Mackenzie con “El rincón de los justos”.





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sábado, 8 de mayo de 2010

DON GOYO - Demetrio Aguilera Malta

Título: Don Goyo

Autor: Raúl Demetrio Aguilera Malta (Guayaquil, Guayas, 1909; México D.F., México, 1981)

Año de publicación: 1933

Edición: Libresa, colección Antares, 2005

Páginas: 289; Estudio introductorio + Algunos juicios críticos + Cronología + Bibliografía recomendada + Temas para trabajo de los estudiantes + 3 partes

Su novela Don Goyo constituye la más pura exaltación de la vida del trópico marino, en donde el hombre se integra a la naturaleza, a la manera del árbol del mangle que se aferra con sus raíces a la tierra y moja sus renuevos en el mar. Las descripciones de esta novela y de La isla virgen del mismo autor se cuentan entre las mejores páginas que se han escrito sobre el paisaje costanero del Ecuador.
Jorge Carrera Andrade


La novela de la que hablaré en el día de hoy es “Don Goyo”, de Demetrio Aguilera Malta.
Como pueden ver más arriba esta edición sí presenta un breve texto en la contraportada, pero apenas sirve para hacernos una idea del tema de la obra. Resumiré entonces un poco la trama.
En la desembocadura del río Guayas hay un grupo de islas e islotes habitado por una comunidad de cholos. Estos montuvios se dedican a cortar leña de los manglares para venderla en la capital. Desde tiempos inmemoriales esta comunidad está dirigida por un personaje enigmático, don Goyo, el primer habitante de estas tierras, de quien se dice que tiene un pacto con el diablo.
Este libro cuenta muy poco más, de manera que no me voy a extender más con el resumen. Gran parte del mismo está dedicado a describir tanto a los hombres que viven en estas tierras y sus formas de vida como al hábitat en sí. Pero esta novela tiene algo especial, algo mágico. Tiene a don Goyo.
Según me fui adentrando en la lectura de esta novela no pude hacer otra cosa que comparar al personaje de don Goyo con otro personaje ilustre, el inmenso José Arcadio Buendía de “Cien años de soledad”. Ambos tienen esa condición de patriarcas bíblicos, de fundadores de una dinastía, de hombres poderosos que creen en una serie de valores: en la justicia, en el trabajo, en la tierra y en la magia. Ambos son escuchados y respetados por sus gentes como líderes del clan. Ambos son tomados por locos y desechados por sus vecinos cuando sus palabras no son convenientes para la mayoría. Hasta el final de los dos personajes tiene semejanzas. No quiero decir con esto que necesariamente Gabriel García Márquez se inspirara en el personaje de Aguilera Malta para construir el suyo. Creo más bien que los dos autores tomaron como modelo un personaje de rasgos comunes entre los montuvios del Pacífico y los del Caribe.
En cualquier caso, Demetrio Aguilera Malta prefigura de alguna manera lo que más tarde será conocido como el “realismo mágico”. En “Don Goyo” nos encontramos ante una sucesión de cuadros costumbristas aderezados por sucesos extraordinarios. No sólo eso. También plantea una defensa del ecologismo en una época tan temprana como son los años treinta del siglo XX. Don Goyo quiere salvar sus bosques de mangles de la voracidad del hombre blanco.
En estas páginas encontraremos retazos de denuncia social, pero el autor rehúye profundizar en este tema. En “Don Goyo” se habla de concertajes, de ricos advenedizos, de comerciantes aprovechados, pero nada de eso priva a los cholos de su pequeño edén, donde conviven en armonía con los manglares. No por lo menos en el tiempo que transcurre dentro de la novela, aunque ya se dan avisos de que el desastre está en camino. Después de haber leído obras como “Cuando los guayacanes florecían” o “Juyungo” esperaba que en cualquier momento algún terrateniente avaricioso desposeyera a los personajes de sus tierras, acabando con su forma de vida.
Tengo que destacar un detalle de esta novela que, para mí, le hace perder puntos. A pesar de que es una obra realmente corta considero que le sobran capítulos. Me refiero a los capítulos dedicados a Cusumbo, que llegan a ocupar un tercio de la obra. Esta historia no lleva a ninguna parte y engaña al lector sin necesidad. Cusumbo era un concierto que se emancipa de su patrón a las bravas, se hace pescador y recala en este archipiélago para acabar haciéndose manglero. En el transcurso de esta narración hace esporádicas apariciones el propio don Goyo, pero no deja de ser una sombra que recorre los esteros velando por su pueblo. Tomando lo leído en esta primera parte pensé que el protagonista real de la novela era Cusumbo y que don Goyo no era otra cosa que un arquetipo (salvando las distancias, algo así como el personaje que interpreta Orson Welles en “El tercer hombre”). Pero no. Empieza la segunda parte y el protagonismo completo recae sobre don Goyo y ya no lo suelta. Puedo entender que el autor hizo esto para introducir al lector en su mundo, de la misma forma que Cusumbo se integra en la comunidad siendo foráneo a ella. Puedo entender que Aguilera Malta quisiera incorporar a su novela escenas propias de la vida en el trópico, pero para mí no funciona. Yo entiendo la novela como una precisa pieza de relojería, donde cada engranaje, cada una de sus sub-tramas, asiste y acompaña a la historia principal (esto lo vimos ya con “El éxodo de Yangana”; en su primera parte aparecían multitud de personajes con su pequeña historia correspondiente, y de la mayor parte de ellos no se volvía a Hablar; sin embargo en la obra de Ángel F. Rojas había un objetivo definido para ello: hacer que el lector fuera uno más de los habitantes del pueblo). Hay autores que consideran la novela como un saco donde cabe todo (el ejemplo más manido es el de Pío Baroja). Bien, no voy a despreciar estas obras pues las novelas psicológicas/de aprendizaje que narran la trayectoria vital de un personaje están construidas de esta forma. La historia principal es tan amplia y tan sólida que pueden permitirse añadir brochazos independientes a ella. Pero para “Don Goyo” esto no sirve. La novela es demasiado corta y se dedican demasiadas páginas a Cusumbo. Aquí esa historia parece de relleno.
No me alargaré más, que ya me estoy excediendo. La novela es extraordinaria y lo sería más si se aventase la paja, dejando sólo el grano de las dos últimas partes.

Puntuación: 84/100
 
Posdata. En la próxima ocasión hablaré de otra de las novelas imprescindibles de la literatura ecuatoriana: “Las cruces sobre el agua”, de Joaquín Gallegos Lara.

sábado, 10 de abril de 2010

CUANDO LOS GUAYACANES FLORECÍAN - Nelson Estupiñán Bass

Título: Cuando los guayacanes florecían

Autor: Nelson Estupiñán Bass (Súa, Esmeraldas, 1912; Pensilvania, USA, 2002)

Año de publicación: 1954

Edición: Libresa, colección Antares, segunda edición, febrero 2008

Páginas: 295; Estudio introductorio + Algunos juicios críticos + Cronología + Bibliografía recomendada + Temas para trabajo de los estudiantes + 15 capítulos

Esta novela recrea, con maestría, un episodio de la historia ecuatoriana: Eloy Alfaro, el líder de la revolución liberal, es asesinado por una turba ebria y fanática. En respuesta, uno de sus militares leales, el coronel Carlos Concha, promovió un levantamiento armado en la provincia de Esmeraldas. Peones pobres de las haciendas esmeraldeñas formaron el batallón revolucionario que enfrentó al bien armado ejército gobiernista; el coraje y el valor de los sublevados no fueron suficientes para evitar la derrota. Entonces, fortalecida por la victoria, la clase dominante esmeraldeña, los “gusanos”, incrementa los ya ancestrales atropellos contra la clase oprimida: peones, conciertos, negros, tagüeros, maestros: todo vuelve como al principio.
Cuando los guayacanes florecían es una de las mejores novelas ecuatorianas de todos los tiempos, no solo por abordar una gesta social importante del Ecuador de principios del siglo XX, sino porque incorpora la vida social y cultural del pueblo afro a la literatura, y porque deja un mensaje esperanzador: en medio del eterno retorno de la injusticia, los guayacanes, símbolo de la esperanza popular, florecen una y otra vez.

La novela de la que hablaré en el día de hoy es “Cuando los guayacanes florecían”, de Nelson Estupiñán Bass. La elección de este libro ahora no es azarosa pues considero que guarda relación con el que comenté hace hoy dos semanas, “Juyungo”. Guarda relación porque ambos denuncian los abusos que sufren los negros en la provincia ecuatoriana de Esmeraldas así como la inmensa corrupción de los poderosos (“Cuando los guayacanes florecían” profundiza aún más en este tema a lo largo de los capítulos finales). Aunque la obra de Adalberto Ortiz se publicó con anterioridad a la de Estupiñán Bass, los hechos que narra son posteriores.
“Cuando los guayacanes florecían” nos habla de la revuelta conchista de principios del siglo XX, un suceso que tiene una cuestionable trascendencia histórica pero que ha sido muy utilizado por los novelistas esmeraldeños, aún cuando fuera sólo como telón de fondo. Tras el asesinato y posterior arrastre por las calles de Quito del cadáver de Eloy Alfaro uno de sus afines, el coronel Carlos Concha Torres, levantó en armas la provincia de Esmeraldas. Batallones de negros pobres armados con machetes se enfrentaron durante un par de años a las tropas regulares enviadas por el gobierno para sofocar la revolución. Luchaban por la libertad de los esclavos (aunque el concertaje ya había sido abolido se seguía practicando en las grandes haciendas de todo el país) y por la mejora de la calidad de vida de los desheredados.
Los primeros capítulos de esta novela engañan hábilmente al lector. Idealizan a los sublevados conchistas, que reclutan a sus soldados con discursos y no a la fuerza, que liberan conciertos y afirman luchar por un futuro mejor para sus hijos. Las tropas gobiernistas, por su parte, son retratadas como una panda de bandidos sanguinarios que saquean las ciudades que toman y que roban, violan y torturan a civiles inocentes. Cuando ya creemos que el autor va a ponerse completamente del lado de los soldados de Concha, la revolución se va pervirtiendo. Los oficiales cometen las mismas tropelías que sus homónimos rivales y no dudan en convertir a los alzados en cuatreros para asegurarse una fortuna cuando todo acabe.
Desde el principio de la novela Nelson Estupiñán juega al despiste. Comienza reproduciendo la proclama del coronel Concha, justificando su levantamiento, para, acto seguido, insertar un texto del historiador Óscar Efrén Reyes donde culpa en parte a dicha revuelta del atraso de la provincia.
Un personaje que representa claramente la ambivalencia a la que juega el autor es el de don Rodrigo Medrano de Pereira y Quezada, un criollo que llega a Esmeraldas en mitad de la guerra para hacer fortuna. Aparece ya hacia la mitad del libro y el autor hace un retrato amable de él:
Era muy amante de la libertad y partidario de la pureza del sufragio, sin intervención del Gobierno. Saludaba y sonreía con el mismo afecto a grandes y pequeños, a blancos y negros.
¿A que cae bien? ¿Verdad que no parece una descripción irónica? Pues después de generar estas expectativas el personaje termina siendo el mayor hijo de puta de todos los que se apelotonan en este libro. Y son unos cuantos.
Una vez que fracasa la revolución es cuando la novela se muestra más encarnizadamente cruda. El mundo que queda después es, incluso, peor que el que había antes. Los conciertos libertados tiene que volver a sus dueños y los pobres son estafados y encerrados en presidio por las mismas autoridades. Son tantas y tan dolientes las arbitrariedades que quedan registradas en estos capítulos que consiguen despertar la indignación del lector. Quiero creer que son exageraciones y no experiencias observadas por el lector en su niñez, pero me temo lo peor.
“Cuando los guayacanes florecían” funciona muy bien como novela de denuncia, mas como obra literaria también resulta ejemplar. La construcción es muy correcta, intercalando capítulos que, a modo de mosaico, van relatando los hechos desde diferentes perspectivas. Las descripciones, a su vez, son muy sutiles. A pesar de la tentación que siempre supone la selva para un prosista, el autor da preferencia a la acción y a los diálogos (estos últimos especialmente cuidados).
Si tuviera que señalar algún aspecto mejorable de la obra sería que, siendo una novela coral, hay pocos personajes que destaquen. Aunque cada uno tenga un pasado propio (que a menudo es relatado), la mayor parte de ellos son indistinguibles unos de otros. También entiendo que esto es consecuente, pues el autor lo que pretende es mostrar la opresión de todo un segmento de la sociedad.
En definitiva, una gran novela y un necesario retrato de la corrupción en el país.

Puntuación: 93/100

Posdata. De aquí a dos sábados haré un pequeño cambio de registro. Hablaré de "Ecuador. Raíces y esperanzas", de Joaquín Martínez Amador.


sábado, 27 de marzo de 2010

JUYUNGO - Adalberto Ortiz


Título: Juyungo. Historia de un negro, una isla y otros negros

Autor: Adalberto Ortiz Quiñonez (Esmeraldas, Esmeraldas, 1914; Guayaquil, Guayas, 2003)

Año de publicación: 1943

Edición: Biblioteca Básica Salvat, 1982

Páginas: 229, prólogo + 16 capítulos + vocabulario de provincialismos

No tiene texto en contraportada.

Adalberto Ortiz es el segundo autor que, hasta la fecha, repite en este blog. Y lo hace con “Juyungo”, su primera novela y la más conocida de su bibliografía. Como ya dije en el artículo de “El espejo y la ventana”, la novela presente ya me la había leído tiempo atrás y el sabor de boca que me dejó no fue especialmente grato. Pero sabía que me la tenía que leer en condiciones más apropiadas y esto es lo que acabo de hacer. ¿He cambiado mi opinión respecto a mi primera lectura?

Paso a paso. Primero haré el resumen, que esta edición carece de texto en la contraportada.
Ascensión Lastre es un niño negro que vive en la provincia de Esmeraldas. Su padre está aquejado de una dolencia en las piernas que le impide trabajar y su madrastra no oculta el desprecio que siente por el niño. Ascensión abandona a su familia para ser acogido en una tribu de indios cayapas. Estos indios suelen despreciar a los negros, a los que denominan “juyungos” (creo que significa algo así como “diablos”), pero aceptan al pequeño y, hasta su madurez, lo tratan como a uno de ellos. Después de salir de la tribu Lastre acaba instalándose en Santo Domingo de los Colorados, en un campamento de peones que están construyendo una carretera. Conoce allí a la que será su esposa, una mujer blanca, además de al que será su gran enemigo, el negro Cocambo. Más tarde regresará a Esmeraldas, a una hacienda agrícola situada en una isla fluvial. Allí vivirá en compañía de un grupo de compañeros con los que se amistó en el campamento.
Aunque pueda parecer lo contrario no es nada sencillo redactar un resumen de esta obra. En este libro no encontraremos una trama claramente identificada que nos acompañe. Sólo nos habla de la vida de Ascensión Lastre, conocido como Juyungo, desde su infancia hasta su alistamiento en el ejército regular para luchar en la guerra ecuato-peruana de 1941. Aunque al principio Lastre es el protagonista absoluto de la novela, en capítulos posteriores se irá desdibujando, cediendo el primer plano a los demás personajes (para retornar con inusitada fuerza llegando al final). Vemos, por ejemplo, que la historia de amor entre Juyungo y su esposa (de la que ni siquiera recuerdo el nombre) jamás tiene una importancia equiparable a la del estudiante Angulo con Eva.
Retomando lo que iba diciendo al principio del artículo, la segunda lectura de “Juyungo” le ha sentado muy bien. Principalmente porque ahora sí la he leído bien, en condiciones. Como otros libros en los que el autor deliberadamente emplea giros y expresiones muy locales, esta edición dispone de un glosario al final para consultar los términos más oscuros. Esto puede llegar a ser contraproducente porque si el mismo libro no ofrece este diccionario el lector se ve obligado a seguir leyendo sin ayuda, sacando el sentido de las palabras desconocidas del contexto (o ignorándolo, que no siempre es imprescindible entenderlo todo). Sin embargo el mero hecho de disponer de esta herramienta hace que ante la más mínima duda interrumpamos la lectura para buscar el significado exacto. Esto es lo que ha cambiado en esta segunda relectura. He preferido respetar el magnífico ritmo impuesto por Adalberto Ortiz antes de confirmar si los chontaduros son frutas o no.
A diferencia de lo que pude comentar en “El espejo y la ventana”, el conflicto racial es muy importante en el desarrollo de “Juyungo”. Mas Ortiz también sabe jugar con este tema. Por supuesto denuncia la discriminación que sufren los negros desposeídos por una parte de la población, pero no dedica mucho espacio a mostrarla. Se centra en el caso inverso, en el odio que siente Lastre al principio por toda la raza blanca y en cómo este odio se va transformando paulatinamente en conciencia de clase.
Esta novela es profundamente humana. Lo que prima por encima de todo es la relación que mantienen los personajes entre ellos. La vida idílica que disfrutan los protagonistas en esa isla de negros sin dueños (trasunto de la edad dorada, del paraíso africano previo a la esclavitud), la solidaridad que comparten, donde todos cuidan de todos y no tienen que dar cuentas a ningún extraño, es lo que considero el eje de la novela. Es cuando la avaricia y la crueldad del hombre blanco (representada en un hombre especialmente blanco, el alemán Hans) expulsa a Juyungo de su edén cuando se desencadena el desastre.
Finalmente diré que en el estilo se aprecia siempre la elegancia de Adalberto Ortiz (cuando se detiene a describir entornos naturales es glorioso), aunque el desarrollo de los personajes no llega a la introspección psicológica de la que hará gala en “El espejo y la ventana”.

Puntuación: 88/100
 
Posdata. La próxima novela que comentaré se ha elegido sola, ya que de alguna manera respalda temáticamente lo que se cuenta en esta. Será “Cuando los guayacanes florecían”, de Nelson Estupiñán Bass.

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