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lunes, 14 de enero de 2013

LEONCIO ZAMBRANO Y EL MANUSCRITO DE QUITO - Xipali Santillán


Título: Leoncio Zambrano y el Manuscrito de Quito

Autor: Pablo Lizandro Santillán Caicedo (Quito, Pichincha)

Año de publicación: 2012

Edición: Kindle

Páginas:  32

"Llueve y hace sol en la ciudad de Quito. Un verano mediocre lanza goterones sobre techos, aceras y calles, el ruido al golpear las tejas compite con el griterío de doñas que no saben si ocuparse de su ropa tendida o quedarse en la ventana mirando a los paseantes correr y chocar cabizbajos. Sin dejar tiempo para habituarse al frío y el sol ya hunde sus dedos ardientes en el pavimento, transformando la lluvia en pelusas de vapor que viajan colgadas de miles de pares de piernas que no veían la hora de retomar su rutina de soldaditos desmemoriados. Se me antojan fantasmas bailarines que invitan a disfrutar la paradoja climática. Pero ni la lluvia, ni las volutas de agua, ni el anillo multicolor rodeando a la estrella surten efecto; no hay manera, el Movimiento se ha apropiado de la mente y alma de todos. Si tan solo se detuvieran a conmoverse por esta milagrosa ciudad, quizá entonces dejaríamos de vivir envueltos en sombras".
Las aventuras, desdichas y pasiones propias del oficio de la investigación paranormal se desarrollan entre las montañas y valles de Quito, una urbe que como cualquier otra es más que un amasijo de concreto, cables y gente. No importa si es en inglés, italiano, castellano o kichwa, alrededor del mundo se habla de un Movimiento, una masa que experimenta su existencia como la rana atrapada en una olla, sometida al calor hasta dejarse morir. Leoncio Zambrano y sus colegas, procuran resolver casos en un medio marcado por situaciones que sin dejar de ser absurdas, se manifiestan en nuestra cotidianeidad. Sin duda esta obra trata sobre el Ecuador de ahora, y sobre cada uno de los países de la tierra. 
'Las increíbles aventuras de Leoncio Zambrano' es una serie de relatos policiales cuya primera entrega es 'Leoncio Zambrano y el Manuscrito de Quito', con el que empieza la interminable búsqueda de una lectoría curiosa y atenta. 

Nuevo año, nueva entrada. Después del comentario anterior, que, si no me equivoco, fue el más extenso que he publicado en este blog hasta ahora, hoy quiero presentar este, más corto de lo habitual, para compensar. El título del que voy a hablar es “Leoncio Zambrano y el Manuscrito de Quito”, una novela corta que encontré por azar en la tienda Kindle de Amazon (éste es el enlace), escrita por Xipali Santillán. Es el primer volumen de una serie de novelas proyectadas por el autor, la única que se puede leer actualmente.
Leoncio Zambrano es un investigador de lo paranormal en Quito, en un futuro sin ubicar (aunque no muy lejano por lo que se entiende). Con su compañera, la teniente Sara, tiene que investigar la desaparición de un inspector de un inspector de Sanidad.
Y ya. No puedo contar más de la historia. No sólo por evitar spoilers sino también para no traicionar uno de los elementos que mejor funciona en esta historia: la economía de recursos.
El autor elabora un mundo, una ambientación (a menudo recordará a distopías como las de Huxley, Orwell o Bradbury) tan rico e interesante que se podría haber permitido escribir una novela muy extensa, explicando el origen y los detalles de cada elemento. Sin embargo el camino que toma Xipali Santillán es precisamente el opuesto. Nos presenta una realidad de forma natural, como si siempre hubiera estado allí, por lo que no tiene la necesidad de explicarla: la sociedad está dirigida desde hace mucho tiempo por algo conocido como «el Movimiento», que impone una serie de directrices en el modo de pensar y de comportarse; este Movimiento se opone a los «Tierrenos», como denomina despectivamente al mundo indígena; la historia que se narra está ambientada en un futuro donde hasta el país ha perdido su nombre (si bien se escatima el nombre nuevo). Y poco más. Ni siquiera está definida la función del protagonista (pese a estar narrado en primera persona son pocos los datos que podemos localizar de este personaje, siempre camuflados dentro de la misma narración).
Esta decisión del autor me parece sumamente valiente y adecuada. Consigue sumergirnos en un mundo opresivo donde hemos sido abandonados. Sabemos menos que los personajes.
Por supuesto, el combinar esta economía de recursos con el empleo de la primera persona sobre algunos problemas. El fundamental es que, mientras al protagonista acabamos conociendo razonablemente bien (por lo que dice y por lo que calla), el resto de personajes que aparecen están más desdibujados. Quizás el mayor ejemplo lo podemos encontrar con la teniente Sara. Representa una función, la de la visión más dogmática y ortodoxa, contrapunto del protagonista, y a este función se consagra durante gran parte de la novela, no dejándonos conocerla mejor. He de recordar, eso sí, que estoy hablando del principio de una saga, por lo que el autor tiene margen para desarrollar al personaje en las entregas siguientes.
En definitiva, esta obra me ha supuesto un hallazgo más que interesante cuya lectura recomiendo y sobre cuya continuidad estaré atento. Y como precisamente quiero que continúe, pondré en la biblioteca no la obra en sí sino el enlace para su compra. 

Puntuación: 80/100

sábado, 16 de junio de 2012

EL INSTINTO DE LA LUZ - Cristián Londoño Proaño



Título: El instinto de la luz

Autor: Cristián Londoño Proaño (Quito, Pichincha, 1973)

Año de publicación: 2011

Edición: Auto-edición

Páginas: 129, 24 capítulos

Un día de abril, la vida de Awi Tenesaca, un joven campesino de un pueblo de los Andes, tiene un giro drástico cuando se entera que es el viñachiska del yachac del pueblo. Él es el hijo espiritual de Taita Wairi, un ser mágico y poderoso. Su vida rutinaria se transforma en una existencia con criaturas míticas y peligrosas situaciones. Sus aventuras transcurren entre Jahua Pacha y Uku Pacha: entre el mundo de arriba y el mundo de abajo. Su mentor, Taita Wairi, lo guía en la aceptación de su nuevo destino: salvar al pueblo de la venganza de un viejo enemigo.
"El instinto de la luz" es la novela de Cristián Londoño Proaño. Es una historia llena de intriga, escrita de manera visual y a un ritmo que atrapa al lector. Esta novela se desarrolla en la sierra ecuatoriana, en una zona cargada de magia, espiritualidad y armonía. Los mitos se mezclan con la realidad, haciendo de esta novela un relato espiritual con códigos y lenguajes propios, que navega entre el mundo andino y el occidental, concibiendo en el ser humano una conexión intrínseca, donde sus valores humanos se enlazan y prevalecen.

Bueno, ahora que podemos decir por fin que la biblioteca está en marcha (un millón de gracias a Alfredo Baldeón, sin cuyo trabajo no habría sido posible). El blog, definitivamente, ha vuelto a la normalidad.
Aunque ya lo he repetido en numerosas ocasiones, quiero recordar el motivo principal por el que abrí esta página. Me desconcertaba el hecho de que, a pesar del reconocimiento que tuvo la narrativa hispano-americana en el mundo entero durante el siglo XX, no hubiera ningún autor ecuatoriano especialmente conocido. Siempre he mantenido que la mejor forma de llegar a conocer el corazón de un país y de una sociedad es a través de su literatura. Así pues, tuve oportunidad de conocer el corazón del Ecuador y me sentí en la necesidad de difundirlo en la medida en que lo permitieran mis limitados recursos. Por eso inicié este proyecto, y son muchas las satisfacciones que me ha aportado personalmente.
Sin embargo nunca se me había presentado una situación como esta. Hasta ahora los libros que he comentado han sido los que han caído en mis manos, esto es, los poquísimos que se han editado o distribuido en España y la pequeña biblioteca que he podido dar forma en mis viajes a Ecuador. En esta ocasión, con el libro que hoy nos ocupa, ha sido el mismo autor el que se ha puesto en contacto conmigo y me ha remitido una copia de su obra para que la comente. Por supuesto, le he dado prioridad absoluta. Qué menos.
En primer lugar quiero dar las gracias a Cristián Londoño por depositar en mí su confianza. También quiero aprovechar para animar a todos aquellos autores que deseen hacer lo mismo. A fin de cuentas es de y para todos ellos. Mi cuenta de correo es freddytumbalobos@yahoo.es
Por otro lado esto supone también un compromiso para mí. ¿Qué pasa si no me gusta? ¿Podría ser objetivo, teniendo en cuenta que ha sido el mismo autor el que me ha ofrecido la novela? Quiero creer que sí y que él no esperaría ni agradecería condescendencia por mi parte pero, afortunadamente, no se me ha presentado esta disyuntiva. Esta novela la he disfrutado.
“El instinto de la luz” es una obra atípica dentro del panorama de la literatura ecuatoriana. Al menos en los libros que he leído hasta el momento nunca me había encontrado con una apuesta tan firme por la fábula. Y eso que el folklore local permite trabajar de forma satisfactoria en el campo de la fantasía, como aquí se demuestra.
La historia narra las aventuras de Awi Tenesaca, un joven de un pequeño pueblo de la sierra, que se revela como heredero de las artes mágicas de Taita Wairi, una especie de chamán. En el transcurso de la misma el protagonista cruza los umbrales de la realidad, enfrentándose a las maléficas fuerzas que pretenden tomar nuestro mundo.
Cristián Londoño se la juega con este planteamiento, pues ya tenemos muchos referentes de historias parecidas en la literatura juvenil y en el cine. Esto es, toma una plantilla que ya conocemos, la del joven elegido por fuerzas que no comprende, el maestro anciano y poderoso que le tiene que mostrar el camino hacia sus verdaderas capacidades y el villano terrible, al que se enfrentó una vez el maestro pero no pudo derrotar del todo. Sin embargo los clichés no suenan a gastado porque plantilla y ambiente se funden en perfecta armonía. El autor acierta plenamente con la ambientación. No se trata sólo de tomar como base la cosmogonía andina, que también. El acierto, para mí, es presentar un escenario onírico y atemporal, aún cuando la acción se desarrolla en el plano del mundo real. De alguna forma me recordó al contexto intrahistórico que utilizaba Miguel de Unamuno en algunas de sus nivolas: localizaciones pequeñas y aisladas, con las mínimas referencias externas, de forma tal que puedan estar ubicadas en cualquier lugar y en cualquier época. Lamentablemente creo que el autor quiebra esa ilusión en momentos muy puntuales, utilizando neologismos (como “chequear”) o expresiones y conceptos más modernos que sitúan la acción (al comenzar el protagonista esta jugando penales con sus amigos, y en algún momento se hace referencia a un traslado en coche). Ocurre pocas veces, y seguramente el autor, al escribir, sí tenía en mente una época reciente, pero realmente creo que una de las grandezas de la novela es poder situarla  tanto en la actualidad como en época de la Colonia, y este efecto se resquebraja en determinados puntos.
Respecto a los personajes principales, me gusta la química entre maestro y alumno. Especialmente el hecho de que, en determinadas ocasiones se insinúe que la confianza de Awi hacia Taita Wairi no es completa. Por otro lado me cojean la mayor parte de los personajes secundarios, que no están definidos con tanta profundidad como los protagonistas y a menudo su personalidad se desdibuja y se confunda.
Lo que más echo de menos es un villano con carácter. Aquí no es más que una amenaza estándar, una sombra que se proyecta por los márgenes de la novela. Sin embargo aún no he dicho que “El instinto de la luz” nace con vocación de continuidad, por lo que confío en que esta impresión se anule en los siguientes volúmenes de la saga.
Por último sólo me queda agradecer una vez más a Cristián Londoño por permitirme disfrutar de su creación y recomendar a todo el mundo que la compre. Aunque la Biblioteca de Autores Ecuatorianos ya esté en marcha, espero que me disculpen si en esta ocasión no cuelgo la novela. Como comprenderán, sería un abuso de confianza por mi parte. Además, necesito que la compren por motivos puramente egoístas. Quiero que el autor continúe con la historia.

Puntuación: 83/100

lunes, 23 de enero de 2012

MEMORIAS DE LA PIVIHUARMI CUXIRIMAY OCLLO - Alicia Yánez Cossío


Título: Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo

Autor: Alicia Yánez Cossío (Quito, Pichincha, 1928)

Año de publicación: 2008

Edición: Manthra Editores, segunda edición, diciembre 2008

Páginas: 237

Con peculiar magia, Alicia Yánez Cossío recrea un ángulo perdido y rescatado de nuestra historia patria.
Prosa limpia y amena, investigación prolija del pasado, coraje y ternura, son suficientes aspectos como para insertarnos en un sistema de vida fascinante e inaudito, donde el poder conquistado con sangre y fiereza no siempre es sinónimo de victoria. Y el imperio incásico es la confirmación de ello.
Con esta nueva obra, Alicia Yánez ratifica su esplendidez narrativa.
Violeta Luna – Escritora

“Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo” es la cuarta novela histórica que brota de la pluma de Alicia Yánez y narra la vida de la hija de Huayna Capac, padre también de Atahualpa, que por tradición tenía que casarse con su hermano. Realizada la conquista que se salda con el asesinato de Atahualpa en manos del conquistador Francisco Pizarro, Cuxirimay Ocllo es codiciada por el asesino de su marido y se convierte en su esposa. Pero este no es el fin de la historia. Cuando a Pizarro le llega la muerte como consecuencia de la guerra civil entre Almagros y Pizarros, Cuxirimay Ocllo se casa con Juan de Betanzos, quien deja escrita para la posteridad lo que su esposa le relata de los increíbles acontecimientos de la conquista del Perú. Alicia Yánez rescata la historia de Betanzos y la convierte en una narración ágil y llena del colorido andino con la que resalta la personalidad de Cuxirimay Ocllo, a quien le tocó vivir uno de los momentos más extraordinarios de la historia de América.
Francesca Piana – Historiadora


Alicia Yánez Cossío, novelista de reconocido prestigio, ha dado a la literatura ecuatoriana numerosas novelas y ha logrado que cada una de ellas se convierta en un hito importante en su carrera de escritora.
“Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo” se remonta a la época del imperio de los incas y se inicia cuando Huayna Capac celebra el nacimiento de una niña, concebida en Tocto Ocllo, y que estaría destinada a ser la pivihuarmi o esposa principal de un inca notable, en este caso, de su hermano Atahualpa.
Alicia Yánez recrea esta historia que es parte de la novela de la patria, valiéndose de narraciones que figuran en antiguos relatos y manuscritos que fecunda con la semilla de su imaginación, para reproducirlas en la rica y transparente prosa de su novela.
Claudio Mena Villamar – Miembro de la Acadermia Ecuatoriana de la Lengua


A la escritora quiteña Alicia Yánez Cossío le sobran las virtudes, entre ellas hay dos básicas: con sus novelas históricas reinagura un género en el país y nos pone a la altura de la modernidad europea.
En esta nueva novela llega una mujer indígena muy poco conocida para los ecuatorianos. Y llega para acercarnos en imagen y en sustancia a nuestros propios orígenes y al inicio del drama del mestizaje. Qué gran favor le debemos a Alicia.
Fernando Jurado Noboa - Historiador


Antes de comenzar el comentario de hoy debo explicar lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir con la Biblioteca de Autores Ecuatorianos. Es cierto que hace ya mucho que no la actualizo por problemas técnicos. No es sólo que escanear un libro me toma bastante tiempo, tiempo del que actualmente no dispongo. Además mi escáner no funciona demasiado bien y tendré que cambiar de equipo. Pero estos problemas ya los había mencionado con anterioridad. El problema actual está relacionado con los libros que ya estaban disponibles para la descarga, y ese problema se llama Megaupload.
Como ya sabrán, la semana pasada el FBI clausuró esta página de almacenamiento, página en la que estaban colgados todos los ejemplares de la Biblioteca.
De momento no puedo hacer nada pero, cuando regresa a España, buscaré los originales (si es que los encuentro) y los colgaré en algún otro directorio. Por ello, lamentablemente, esta Biblioteca de Autores Ecuatorianos queda en una inevitable pausa.
Ahora sí, puedo empezar el comentario de “Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo”, de Alicia Yánez Cossío.
Esta es la segunda novela que comento de la autora quiteña y de nuevo se trata de una novela histórica. Si en “Sé que vienen a matarme” relataba la vida y la muerte del presidente Gabriel García Moreno, en la que hoy nos ocupa se centra en el personaje de Cuxirimay Ocllo, la que fue hermana y esposa del Inca Atahualpa, luego del conquistador Francisco Pizarro y, por último, del historiador Juan de Betanzos, quien escribió su famosa obra “La Suma y Narración de los incas” gracias a las historias que ella le contó.
En esta novela me ha pasado una cosa que no me ocurre con frecuencia. Al leer su resumen (tal y como aparece en los textos de la contraportada) se me generaron unas expectativas que no se han cumplido. Hace unos años leí la novela “Malinche”, de la escritora mexicana XXX. En ella la protagonista es la Malinche, una mujer perteneciente a la nobleza azteca que se alió con los conquistadores españoles, como intérprete y amante de Hernán Cortés, en el ocaso del imperio de Moctezuma II. Disfruté mucho la lectura de aquel libro, pues recreaba con minuciosidad aquellos hechos, justificando los actos de cada uno de los personajes.
Pensé que estas “Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo” sería el equivalente con el Tahuantinsuyu, y no lo es.
En la mayor parte de este libro, digamos las tres cuartas partes, Cuxirimay no participa como protagonista, siendo una mera oyente de la historia. Nos encontramos con varios maestros que narran el pasado de los incas a la niña Cuxirimay. Primero su aya, la mitima Ninacuri, luego el shamán Kochu y, por último, su propia madre Tocto Ocllo, le cuentan las vidas de sus antecesores, sobre todo de los últimos Incas, Pachacutec, Tupac Yupanqui y su padre, Huayna Capac.
Estas historias están bien narradas pero no es nada que no hubiera leído antes en “El camino del Sol” de Jorge Carrera Andrade o “Atahualpa”, de Manuel Benjamín Carrión (sí varían ciertos acontecimientos, como los referidos al origen de Atahualpa, lo cual es normal existiendo tantas fuentes discrepantes).
Después las historias de los incas alcanzan el momento de la narración y Cuxirimay pasa a un discreto segundo plano. La autora cuenta la guerra entre Atahualpa y Huáscar y el desastre de Cajamarca casi como una historiadora y no es hasta el final, pero justo el final, cuando Cuxirimay regresa a contar la historia de su pueblo a Juan de Betanzos.
Podríamos decir que se trata de un libro de historia camuflado como novela, pero no sería justo.
La verdad es que, a pesar de que no era lo que esperaba, no he quedado decepcionado. La narración se mantiene fresca y ágil gracias a un eficiente uso de los diálogos. Cuxirimay interrumpe a sus maestros con preguntas, réplicas y reflexiones. La niña se siente atraída y espantada por los hechos de sus antepasados. Quizás se podría criticar que la mentalidad de muchos de los personajes no es propia de su época, siendo más del siglo XXI, pero supongo que es necesario para conseguir la empatía del lector. En definitiva, una novela interesante que da a conocer de manera muy amena unos momentos decisivos en la historia de América, el temido Pachakuti, el fin de los tiempos. 
Puntuación: 88/100

sábado, 27 de febrero de 2010

DE QUE NADA SE SABE - Alfredo Noriega


Título: De que nada se sabe

Autor: Alfredo Noriega (Quito, Pichincha, 1962)

Año de publicación: 2002

Edición: Alfaguara, serie Roja, 2ª reimpresión

Páginas: 179, prólogo + preámbulo + 4 días + estudio de la obra

Múltiples personajes cargados con el peso de su propia cotidianidad confluyen sobre la mesa de una morgue, sitio en el que Arturo Fernández intenta reconstruir, ente partes policiales y meticulosos análisis de órganos, la ficción de vidas que jamás podrá tocar.
Una novela en la que resulta imposible eludir el agobio de la incertidumbre. Una obra en la que el lector transita por puentes trazados entre historias de aparente inconexión.
Alfredo Noriega, voz relevante de la literatura ecuatoriana contemporánea, nos ofrece una novela en la que recrea, con sútil maestría, las eternas contradicciones de la vida y la muerte, de la carne y el alma.

"De que nada se sabe", de Alfredo Noriega, nos coloca en el interior de la ciudad de Quito en el día de hoy. A través de los ojos de un forense vamos conociendo una historia de crímenes pasionales cruzados entre sí. Y la conoceremos gracias a quienes mejor nos la pueden contar: los muertos. En esta ciudad que cada mañana amanece bañada en sangre hay también un resquicio para el amor y para la compasión. Una mujer madura que se enamora de forma absurda de su casi desconocido bibliotecario. Un taxista que se desvive para ayudar y consolar a una pasajera a la que le han atropellado el hijo. Una pareja que consuma un amor a contracorriente y que paga por ello. Y un forense que se preocupa por las historias reales de sus muertos, más allá de lo que figura en la ficha policial.
Esta novela está construida de forma deliberada como un puzzle. Noriega mantiene una cierta continuidad temporal, pero da pequeños saltos sobre ella. A lo mejor no nos cuenta lo que le acontece a un personaje en el momento en que le corresponde sino un día después, cuando dicho personaje lo rememora. Esta me parece una manera inteligente de dar mayor complejidad a la trama sin hacer que el lector se pierda en rincones ciegos.
Por otro lado los personajes resultan complejos e interesantes, una buena muestra de los que da de sí el Ecuador del siglo XXI. Tanto los vivos como los muertos tienen algo nuevo que decir. Me gusta especialmente Hortensia Armendáriz, a la que el autor da un trato de preferencia pues, cuando no es ella misma la que habla, su hijo recupera sentencias que ella dice o que podría haber dicho. También se encuentra entre mis favoritos el taxista Campos, estereotipo de hombre honrado y de víctima propicia de las circunstancias.
Así pues, de esta novela me gusta la construcción, me gustan los personajes y me gusta la ambientación (aunque aún no lo he comentado el retrato que hace esta novela de Quito es uno de los más reconocibles que he tenido la oportunidad de leer). Y, sin embargo, si miran la nota que le he cascado a "De que nada se sabe" verán que es la más baja de los últimos meses.
¿Por qué?
Me toca ahora justificarme.
Esta es una novela que cuenta con las herramientas necesarias para ser una obra memorable. Ya he hablado del estilo y de los personajes. Pero me resulta fallida en lo más obvio. Me atrevería a decir que en lo más sencillo. La historia. Y eso es algo que me descoloca. Son cientos de miles las novelas que he leído que parten de una buena premisa, de una idea brillante, pero luego, por falta de pericia del autor y por no saber cómo jugar sus cartas, quedan reducidas a un quiero-y-no-puedo, a un mero entretenimiento cuando no, directamente, a literatura-basura. Pues esta novela de la que hoy estoy hablando es uno de los escasos ejemplos que he podido encontrar de la situación opuesta. Realmente la historia que nos presenta no vale nada, ni siquiera como telón de fondo para hablarnos de los personajes. Da la impresión de que el autor ha tomado una guía turística de la capital de Ecuador, un par de ejemplares del diario Extra (para los lectores no ecuatorianos este es un periódico muy amarillista que dedica sus páginas a relatar, con todo lujo de detalles, los crímenes más truculentos que suceden en el país y que presenta unas portadas muy gráficas a juego con su temática).
Aprovecho ahora para matizar mis palabras del resumen. Más arriba dije: "En esta ciudad que cada mañana amanece bañada en sangre..." Quiero que quede claro que no es esa una impresión que yo haya recibido al conocer la ciudad. Esta es la imagen que proyecta Noriega en estas páginas. En el Quito de "De que nada se sabe" la vida humana se vende muy barata. Es esta una tierra sin ley donde el hombre más honrado está condenado a muerte. Y el hombre más corrupto también. Y también los de enmedio, por supuesto. Es una novela muy pesimista que juzga y condena sin remedio a la sociedad que intenta representar.
Otro punto negativo que puedo señalar es la fijación que tiene el autor por situar exactamente dónde ocurre en el espacio cada muerte, cada encuentro, incluso la ruta detallada de cada fuga. Ciertamente no toma como referencia la ciudad entera porque ya sería muy caótico. Las fronteras de la ciudad las coloca entre Villa Flora y el parque de La Carolina, pero continuamente van desfilando nombres de calles y barrios. Para los lectores que no sean quiteños les va a costar situarse. Yo tuve que tener siempre a mano un callejero actualizado de la ciudad para localizar cada evento. Es verdad que esto no es imprescindible, que podemos seguir la historia sin saber que el Batán Alto se encuentra a escasas cuadras del colegio Benalcázar, pero, siendo así, sería de agradecer que Alfredo Noriega hubiera sido más genérico en sus descripciones.
Que no se me entienda mal. Esta no es una obra lamentable y si alguien desea leerla no le voy a aconsejar lo contrario (cosa que sí haría con "Las pequeñas estaturas"; es que tengo fijación por ese libro), pero me da mucha rabia porque el autor muestra capacidades narrativas muy altas pero las desperdicia por una trama inane. Ojala en los sucesivo sepa escoger con mayor tino su punto de partida.

Puntuación: 66/100

Posdata. El día 13 de marzo publicaré el análisis de "Sancho Panza en América", de Alfonso Barrera Valverde.

sábado, 13 de febrero de 2010

SÉ QUE VIENEN A MATARME - Alicia Yánez Cossío


Título: Sé que vienen a matarme

Autor: Alicia Yánez Cossío (Quito, Pichincha, 1928)

Año de publicación: 2001

Edición: Paradiso Editores, novena edición, octubre 2008

Páginas: 298

Alicia Yánez Cossío (Quito, Ecuador, 1928), está considerada de manera unánime como la más importante novelista ecuatoriana de todos los tiempos. Es autora de diez novelas: “Bruma, soroche y los tíos”, (1971), “Yo vendo unos ojos negros” (1979) –recientemente llevada a la televisión-, “Más allá de las islas” (1980), “La cofradía del mullo de la Virgen Piponal” (1985), “La casa del sano placer” (1989), “Aprendiendo a morir” (1997), “Y amarle pude” (2000), “Sé que vienen a matarme” (2001) y “Concierto de sombras” (2004). En 1996 su novela “El Cristo Feo” fue galardonada con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.
SÉ QUE VIENEN A MATARME
Desmitificadora y polémica es una magistral recreación de uno de los períodos más turbulentos de la historia republicana, dominado por la figura del dictador Gabriel García Moreno. Oculta en la penumbra de las habitaciones del Palacio de Gobierno, la mirada implacable del tirano aterroriza a todo un pueblo, imponiendo su voluntad omnímada. Mujeres, soldados, sacerdotes y políticos son parte de una historia de crueldad, intolerancia y lujuria. El núcleo de “Sé que vienen a matarme” es un hecho histórico: el asesinato de uno de los presidentes más controvertidos del Ecuador del siglo XIX.

Dos son los mandatarios de los que han dirigido el Ecuador en su época republicana que más son recordados hoy día (pido perdón a la memoria de Velasco Ibarra y de León Roldós). Sus nombres los encontramos en calles y plazas, en escuelas, parques y pueblos. Ambos marcaron la sociedad de su tiempo hasta el punto de poder asegurar que hubo un antes y un después de la presidencia de cada uno de ellos. Ambos protagonizaron violentas revoluciones, ambos murieron asesinados en Quito. Ambos fueron enemigos irreconciliables. Eloy Alfaro, liberal, fue elegido en el año 2005 como el ecuatoriano más importante de la historia. Gabriel García Moreno, conservador y protagonista de la obra que estoy comentando, fue propuesto por sus seguidores para su beatificación.

Tenía muchas ganas de leerme este libro, tantas como curiosidad sentía por el personaje de García Moreno. Actualmente es fácil encontrar su nombre por toda la toponimia del país, pero su recuerdo parece haber sido tachado, cosa que no ocurre con Alfaro. Con “Sé que vienen a matarme”, de Alicia Yánez Cossío, esta curiosidad ha sido satisfecha.
Mi primera impresión fue que en este libro me encontraría con la novelización de los últimos años de vida del dictador, algo así como lo que en su día ya hizo Gabriel García Márquez (el Gabriel García que sí debería subir a los altares) en “El general en su laberinto” con la figura de Simón Bolívar. En realidad “Sé que viene a matarme” es una biografía de Gabriel García Moreno, desde la llegada de su padre a las colonias hasta las consecuencias de su asesinato. No es una biografía académica, no es la que aprobaría un historiador sino la que elaboraría un novelista. Esto es, sin dejar de ser rigurosa en los hechos que expone, la autora dedica más tiempo y más recursos a profundizar en la psicología del personaje así como en la de la nación que a presentarnos datos fríos acompañados de cifras. El problema de este planteamiento es que el lector puede llegar a sentirse perdido en la línea temporal. Dos acontecimientos alejados por muchos años nos pueden parecer contemporáneos y viceversa (y la verdad es que ayuda muy poco la cronología insertada al final de la obra por ser muy escasa y parca en detalles).
Por otro lado Yánez Cossío no es imparcial respecto al protagonista. En muchas ocasiones emite juicios de valor que no le dejan muy bien parado, aunque , a decir verdad, habitualmente mantiene las distancias.
Asumiendo que la figura del dictador no ha sido desvirtuada en exceso en esta obra voy a animarme a juzgarle yo también.
Sin ser psicólogo considero que la personalidad de García moreno encaja perfectamente con los rasgos propios de un psicópata. Fue un tipo que no empatizaba con nadie. No tenía ningún tipo de escrúpulo a la hora de pasar a alguien por las armas, aunque ese alguien le hubiera salvado la vida previamente. Sus actos fueron realmente bárbaros, aunque él mismo fuera una persona muy culta y civilizada. Los años de su gobierno fueron un auténtico reino del terror, donde la dictadura de las buenas costumbres se convirtió en una auténtica tiranía. Las cárceles del estado se llenaron de ciudadanos que habían cometido faltas muy menores a la moralidad impuesta por el presidente, pero por ello mismo, imperdonables para el tirano. Eso sí, a pesar de su sed de sangre, fue un hombre razonablemente íntegro. Con su escalada hacia el poder no pretendía satisfacer sus bajas pasiones buscando simplemente enriquecerse a costilla del erario público (como han hecho tantos y tantos y tantos y tantos y tantos…) García Moreno realmente se consideraba un mesías (con cruz y todo) que venía a salvar a su país de los malos gobiernos y de la anarquía en la que se encontraba sumido. Por su puño muchos inocentes sufrieron y fueron perseguidos, pero también muchos inocentes salvaron sus vidas (me refiero a su gestión cuando se produjo el terremoto en Imbabura). Escribió su nombre con sangre en la historia patria, lo cual no es tan terrible cuando tantos otros lo escribieron con mierda (parecida opinión defendía Juan Montalvo quien, aunque fue acérrimo enemigo del tirano hasta el punto de considerarse responsable indirecto de su asesinato, en sus escritos le califica como un buen gobernante cuando lo pone al lado del infame Veintemilla).
Ya me he desahogado. Vuelvo a la novela.
Alicia Yánez Cossío, como se puede comprobar con todo lo que acabo de rajar, consigue convencer e imponer su visión del personaje. La obra funciona pero se queda el regusto de que hubiera funcionado mejor si la autora se hubiera animado y hubiera escrito una novela, la famosa novela del dictador hispanoamericana, aunque así hubiera abarcado un período más breve en la vida de Gabriel García moreno.
Quizás se pueda reprochar que los últimos capítulos son apresurados, como si la autora tuviera prisa en acabar. Mientras que la primera legislatura queda reflejada con mayor detalle, la segunda queda muy reducida (a pesar de que esta se prolongó durante más tiempo). Apenas se nos cuenta nada de esta, sólo los ánimos del pueblo, que esperaba con ansias en inminente tiranicidio.
Puntuación: 81/100
Posdata. Nos volveremos a encontrar dentro de catorce días con “De que nada se sabe”, de Alfredo Noriega.


sábado, 16 de enero de 2010

LA MADRIGUERA - Abdón Ubidia



Título: La madriguera


Autor: Abdón Ubidia (Quito, Pichincha, 1944)


Año de publicación: 2004


Edición: Editorial El Conejo, 2009


Páginas: 346, 17 capítulos

Bruno es un pintor de cincuenta años que se pregunta por el sentido de su vida, de sus amores y de su arte. AleXandra es una dama que intenta llenar con pasión el vacío de su existencia. La ciudad es un espacio que ya no cree en utopías y que ha dado paso a una modernización sin alma. En el país, la pus de la corrupción se desborda. Bajo este marco, esta novela, que pronto habrá de convertirse en un texto memorable de nuestra literatura, desarrolla una historia de amor y otra de estafa financiera y chantaje que mantendrá en vilo a sus lectores.



La Madriguera es un novela de escritura lúcida que convierte en materia de la ficción los debates culturales del mundo contemporáneo; un texto que atrapa al lector inteligente por la sobriedad de su narración; una escritura que domina el arte de contar una historia.


Al mismo tiempo, La Madriguera, de Abdón Ubidia, es una novela que indaga profundamente en las contradicciones existenciales del ser humano que, heredero de los ideales del pensamiento moderno, se ve enfrentado al cinismo doloroso de la posmodernidad.


Raúl Vallejo


Hoy, por primera vez desde que abrí este blog, voy a repetir con un autor. El elegido no podía ser otro que Abdón Ubidia, de quien ya comenté la novela “Sueño de lobos” en el primer artículo que publiqué en esta página.

Quiero revelar aquí una costumbre personal que tengo. Todos los años los tengo que comenzar leyendo una buena novela. Considero que según la satisfacción que obtenga de esa primera lectura así será de bueno el año. Sé que es una tontería (como lo son todas las tradiciones), pero cuando uno está necesitado de fortuna cualquuier rito es válido. A lo que iba. Por si esta costumbre funciona prefiero no pillarme los dedos e ir sobre seguro, de manera que elijo muy bien la obra que me encontrará leyendo el nuevo año. Donde otras veces han estado Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Jorge Luis Borges, hoy está Abdón Ubidia. 2010 será un gran año.
Nos encontramos en Quito a finales del siglo XX. El volcán Pichincha está escupiendo bocanadas de ceniza sobre la capital, el gobierno de Jamil Mahuad se tambalea, el país se encuentra sumido en una crisis financiera que terminó de arruinar a las clases medias y bajas, empujando a cientos de miles de ecuatorianos a hacer cola en las embajadas para conseguir un visado de escape…
Con este telón de fondo se nos cuenta la historia de Bruno, un pintor que alcanzó cierto reconocimiento en los ochenta pero que se encuentra hastiado, artística, sentimental y vitalmente. El protagonista toma la determinación de colgar los pinceles y encauzar su vida. Pretende organizar una fundación en su ático (la Madriguera) que aglutine a otros artistas plásticos de la ciudad. Su plan fracasa y el artista opta entonces por el Mal. Con la ayuda de su amigo Bernardo, falsificador de cuadros, pretende chantajear a su hermano mellizo, uno de los empresarios más influyentes del país y con el que no mantiene ninguna relación desde su juventud.
Lo primero que conviene aclarar es que, a pesar de lo que se pueda desprender de este resumen o del texto de la solapa, este título no es un thriller. La trama del chantaje al mellizo puede contener cierto suspense, pero este se diluye pronto. Desde luego no ha sido ese el camino que ha querido tomar el autor. Lo que yo entiendo (yo, que no he vivido en ese lugar ni en ese tiempo; yo, que no conozco la realidad ecuatoriana si no desde fuera) es que “La Madriguera” es una reflexión sobre la ciudad, sobre aquello en lo que se ha convertido. Es, de alguna manera, un manual de instrucciones para entender a Quito en los albores del siglo XXI. La decisión del protagonista, cuando después de años de integridad, deja de ser artista para convertirse en mercader, traicionando todos sus ideales, es la deicisión de una sociedad entera, de una ciudad pintoresca y conventual que, de la noche a la mañana (gracias a la intercesión del santo petróleo) vende su alma y se convierte en algo para lo que no estaba preparada.
En la contraportada de esta edición aparecen fragmentos de diversas críticas. En casi todas ellas se hace un elogio de la reflexión sobre la opción del Mal que Ubidia hace en esta obra. Me adhiero a ellas, pero mi adhesión es condicional. Es cierto que en “La Madriguera” se analiza esa opción por el Mal (el mismo autor lo repito continuamente en la segunda parte de la novela), pero es un Mal mediocre, patán. Es todo el Mal al que tiene acceso un hombre que no está entrenado para ello.. Ni el protagonista era un santo en los primeros capítulos ni un diablo en los últimos (afortunadamente, porque perdería credibilidad). Considero mucho más correcto decir que el tema de la obra es la Culpa. La Culpa que sienten los protagonistas, los antagonistas, los ricos y los pobres, la Culpa del Norte y la del Sur, la Culpa vieja´la heredada de la colonia y más allá; y la Culpa nueva, la que viene del Oriente empaquetada en barriles. En esta ciudad todos son culpables y todos son expertos en esconder sus culpas.
Que la narrativa de Abdón Ubidia es prodigiosa es algo que sabrán todos los que le hayan leído antes. Sabe manejar los tiempos y sus recursos. No puedo dejar de mencionar ese espectacular flashback del último capítulo, donde se permite revelar los secretos de la estructura interna de la novela, como su carácter dual, por si se nos había pasado por alto.
Quizás se pueda echar en falta carisma en sus personajes, que no me parecen tan definidos como en “Sueño de lobos” (en “La Madriguera” los personajes me resultan demasiado reales, demasiado inspirados en modelos del entrono del autor, siendo ese uno de sus juegos). Pero esta falta queda compensada por lo bien que se ha trabajado esa historia de amor y humillación entre el protagonista y AleXandra.
Sólo espero que para todos este 2010 sea también un año de sobresaliente.


Puntuación: 94/100

Posdata. Dentro de dos semanas me saldré del esquema y aparcaré la novela por el ensayo. Presentaré entonces “Las Catilinarias”, de Juan Montalvo.

sábado, 19 de diciembre de 2009

HUASIPUNGO - Jorge Icaza


 Título: Huasipungo 


Autor: Jorge Icaza Coronel (Quito, Pichincha, 1906; Quito, Pichincha, 1978)
 

Año de publicación: 1934
 

Edición: Cátedra, Letras Hispánicas, 6ª edición, 2005 


Páginas: 255, introducción + esta edición + bibliografía + Huasipungo + vocabulario




Como muchos escritores de su generación, Jorge Icaza vio en sí mismo y en sus obras una consecuencia final de las transformaciones que el liberalismo había introducido en el Ecuador en las primeras décadas del siglo. Con su obra, parece sumarse a quienes pretendían hacer de la literatura una manifestación de la lucha de clases, un arte proletario al servicio del proletariado internacional, cuyos mejores representantes en la sierra ecuatoriana eran los indios y otros sectores populares.
Huasipungo es una pieza fundamental en el desarrollo de la narrativa indigenista andina. El indio que aparece en ella no es un indio mítico, sino un indio acosado por una naturaleza hostil y por los tradicionales abusos de los latifundistas. Junto al indio aparece el cholo, víctima del blanco y verdugo del indio.

Si hay una novela ecuatoriana cuya fama ha trascendido más allá de la República del Ecuador (siempre dentro de unos círculos especializados), esa es “Huasipungo”, de Jorge Icaza. La prueba está en la edición que he leído, publicada por una editorial española, la prestigiosa Cátedra, dentro de la colección Letras Hispánicas. Para que una obra sea publicada dentro de esta colección deben darse una serie de requisitos muy exclusivos, y esos se dan en la novela de Icaza.

Alfonso Pereira es un hacendado holgazán que malvive en Quito de las rentas de sus tierras que tiene medio abandonada en Cuchitambo. Cuando las deudas le vencen se ve obligado a instalarse en ella y hacer una serie de acondicionamientos que la hagan más atractiva para unos compradores norteamericanos Estos trabajos son realizados por los indígenas que viven en sus tierras, a los que trata como ganado. A lo largo de toda la novela somos testigos de la ignominia que el indio ecuatoriano ha tenido que sufrir desde tiempos inmemoriales a manos de terratenientes, sacerdotes y tenientes políticos, además del desprecio que por ellos sienten indios y cholos (Icaza denuncia un sistema de castas encubierto en el Ecuador rural, donde el porcentaje de sangre blanca en un individuo marca su status social y donde los indios son los intocables).
Al que haya leído anteriores artículos de este blog (en concreto este) le sonarán estos argumentos. Desde luego “Huasipungo” no es la primera novela indigenista que se escribió en Ecuador, pero su impacto fue tal que transformó la narrativa del país durante décadas. Fue como decirles a los ecuatorianos: “Dejaos de fantasías de progreso y modernidad. Esta es una realidad, está sucediendo aquí y ahora y no podemos seguir mirando hacia otro lado”. Sus contemporáneos del oficio no pudieron más que hacer eco con sus palabras.
Hablemos ahora de lo que nos podemos encontrar en estas páginas. En el primer fragmento (esta novela está compuesta por episodios sin numerar) nos presenta al hacendado. Icaza tiene el buen tino de no plantear al villano como un macho arrogante y poderoso acostumbrado a que su palabra sea ley, galopando por el páramo fusta en mano para corregir a sus esclavos. En lugar de eso Alfonso Pereira se comporta como un hombre apocado y débil de carácter que se ve obligado a actuar contra su voluntad acosado por las deudas. Una vez en su hacienda Pereira da buenas muestras de su complejo de inferioridad comportándose ante la indiada como un auténtico hijo de la gran puta (aunque nunca da la cara, para eso tiene a sus esbirros). Por supuesto no es Pereira el único villano de la historia, que también lo son los cholos amayorados que trabajan de verdugos al servicio del patrón-grande-su-mercé, y el mayor cabronazo de todos, el cura del pueblo, un tipejo sórdido para el que cualquier desgracia es una oportunidad para hacer negocio (Icaza subraya con este personaje una lacra endémica del país desde los tiempos de la colonia, el desorbitado poder que tiene la iglesia católica). Por otro lado tenemos a las víctimas de este sistema feudal, los indios. Estos no aparecen retratados con clichés del buen salvaje ni son héroes al uso, pues el autor los pinta tal cual él los ce. Aunque no es esa la intención de la novela Icaza es honesto y no duda a la hora de relejar los defectos de Andrés Chiliquinga, el protagonista. Nos encontramos así ante un individuo que maltrata a su pareja cuando se siente frustrado, que tiene terribles accesos de mal humor, que roba y mata cuando se siente obligado a ello. Pero es el héroe, es el que sufre las mayores injusticias de todos, y nos podemos sentir identificados con su lucha.
Sobre la estructura de la obra diré que me ha parecido irregular. Es cierto que el lenguaje de los personajes ha sido muy cuidado, respetando al máximo las expresiones y formas de hablar de los indios (mucho mejor que lo que hizo Joaquín Gallegos Lara el “Los guandos”; si bien es cierto que es sencillos perderse en sus parlamentos y hay que recurrir a menudo tanto al glosario del final como a las notas de pie de página). El problema mayor es que la trama no avanza con fluidez, falta una unidad en los temas. Se le nota a Icaza su inexperiencia afrontando una novela cuando supedita la construcción de la misma a su afán de denuncia, empalmando cuadro tras cuadro sin dar prioridad a una historia concreta. Entiendo la intención del autor y que esta obra tenía una prioridad por encima de su valor estético, pero enfocándola fríamente como literatura puede perder bastantes puntos. Eso sí, acaba dónde y cómo tiene que acabar.
Ya por último quisiera señalar un par de cosas. La primera es una escena que me hizo especial gracia por estar calcada al final de la película “Bienvenido, mister Marshall”, de Luis García Berlanga (todo aquel que la haya visto la podrá identificar de inmediato). La otra es que, después de leer “Huasipungo” puedo entender aún mejor, si cabe, las razones de la rebeldía del protagonista de la novela anterior, Naún Briones.

Puntuación: 93/100
 
Posdata. Como me gustó el anuncio que hice en el último artículo, lo voy a convertir en costumbre. Dentro de dos semanas hablaré de "El éxodo de Yangana", de Ángel F. Rojas.

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sábado, 7 de noviembre de 2009

ESTAMPAS DE MI CIUDAD (QUINTA SERIE) - Alfonso García Muñoz

Título: Estampas de mi ciudad

Autor: Alfonso García Muñoz (Quito, Pichincha, 1906; Bogotá, Colombia, 1999)

Año de publicación: 1981

Edición: Autoedición

Páginas: 186. Preámbulo+23 capítulos

"...Y este es el primero de sus méritos: la agudeza y fecundidad de su espíritu observador. Cuantos han escrito sobre costumbres quiteñas populares no han pasado de una docena de artícu­los. No han encontrado más asuntos ni han pe­netrado en todos los campos de observación. Bien es verdad que, con el cambio de costumbres y con la amplitud de la ciudad tentacular, que es Quito, se han multiplicado los objetos y los temas de estudio... ".



11.. .Su vis cómica no es menos digna de en­comio. El pueblo habla en las páginas de sus li­bros, con esa abundancia de modismos que for­man lo que tiene de llamativo el folclor. Los diálogos están tomados del natural. Si el arte los puliera, como pudiera hacerlo, perderían el encanto que tiene el habla popular. El mérito está en enlazarlos en la narración de modo que no se observe que el escritor adrede los conserva con su ingenuo primitivismo, obteniendo de ellos toda la gracia que encierran.


"... Los aficionados a la lingüística, que son muchos en América y aún en el Ecuador, encon­trarán en ESTAMPAS DE MI CIUDAD un arsenal abundante para extraer modismos, giros popula­res, ecuatorianismos, quiteñismos, que son tan apreciados y que tanto se utilizan en la compara­ción de dialectos y en la depuración del idioma de Castilla.


".. .Además de este servicio a las letras sus libros presentan otro muy valioso; en ellos que­dan estampadas dramáticamente nuestras cos­tumbres. Lo que no se encuentra en las obras de historia, serias y clásicas, se hallará en ellos...".


Nicolás Jiménez
 
El libro del que hoy hablaré, "Estampas de mi ciudad" de Alfonso García Muñoz, es una colección de relatos breves de carácter cómico que pretende mostrar situaciones y personajes típicos de la ciudad de Quito. De hecho la mayoría de estos relatos rinden homenaje al famoso chulla quiteño, una figura que podríamos considerar equivalente a la del pícaro de la tradición española. Este es un individuo que se dedica a buscarse la vida. Se caracteriza por una sempiterna comicidad no exente de un fondo de amargura y por un, pese a todo, rigor ético cuyas fronteras jamás traspasa. Dicho de otra forma, es un personaje de ficción que puede estar basado en un tipo social pero que, sin duda, ha sido idealizado por la literatura, el cine y la música popular. Lo mismito que el pícaro, en resumen.

Por lo que he entendido en el prólogo del libro los relatos de los que está compuesto fueron publicados en "El Comercio", diario del que Alfonso García Muñoz era colaborador. Posteriormente el mismo autor se encargó de recopilar todos sus escritos y publicarlos en Bogotá en una colección de series (la obra que estoy comentando corresponde con la quinta serie).
No he leído ninguno de los otros libros auto-publicados por el autor pero entiendo que la selección no ha sido planificada ya que no hay unidad ni relación entre las diferentes historias más allá de que estén todas ambientadas en la capital de Ecuador y que muchos de los relatos están narrados en primera persona por Evaristo, álter ego del autor. Evaristo es un pobre diablo con ínfulas intelectuales, un hombre que intenta sobrevivir con dignidad en una ciudad que quiere conservar su esencia añeja pero que está siendo transformada por obra y milagro de San Petróleo. Esta casado con Jesusa, una mujer de la calle (en el buen sentido de la expresión, si es que existe uno malo), deslenguada e impaciente pero cargada de esa sabiduría popular que se presupone a las verduleras. En algún capítulo parece que Evaristo trabaja en una oficina, en otros que se dedica a hacer chapuzas de lo que salga y en otros que hace las veces de amo de casa y es su Jesusa la que trabaja vendiendo joyas. Suele ser un personaje sobrepasado por los acontecimientos (acontecimientos que en numerosas ocasiones tienen el nombre de su mujer), a través del cual vamos conociendo mejor el corazón que late dentro de la gran ciudad. Las pinceladas pueden ser amables en unas ocasiones, trágicas en otras, pero siempre hay espacio para la ironía y los juegos de palabras. De lo que se desprende de sus opiniones es que el autor es un nostálgico del Quito en blanco y negro. Aunque intenta asimilar los cambios con humorismos siempre queda aquel regusto de que todo tiempo pasado fue mejor.
En este libro abunda la crítica social. Todos los relatos tienen si no una moraleja sí una queja, tanto a las convenciones sociales que impiden el progreso de los ciudadanos, como de las corruptelas de políticos y gobernantes, lacra endémica en ese país. Mención aparte merecen las páginas que dedica a los caciques y tenientes políticos de las provincias en el relato titulado "Caciques de aldea", uno de los más memorables del libro. También habla de las injusticias que sufren los indios, del injusto reparto de la nueva riqueza y de los pobres que malviven en su misma ciudad. García Muñoz ofrece siempre soluciones para arreglar su mundo, unas más utópicas que otras. El problema es que el tono general de la obra puede confundir al lector y no sabe si las críticas son en serio o no. Esto es algo que a mí me pasa con los cómicos ecuatorianos. Voy a poner un ejemplo que vi una vez en un vídeo del famoso humorista Carlos Michelena y que me parece que justifica mi afirmación:
Estamos en un parque y Michelena, con la cara pintada de blanco, representa su actuación rodeado por un corro de gente. El cómico se caracteriza vagamente como un preso (no recuerdo si se pone la típica camisa a rayas o un gorro), pone voz de falsete y hace su monólogo (no soy capaz de acordarme del gag, sólo sé que no me resultó muy divertido).
El público se descojona de la risa, Michelena se endereza, se quita el disfraz y, con su propia voz, dice:
-¿Les ha hecho gracia? Claro. Se nota que ninguno de ustedes ha estado en la cárcel. Pues que sepan que la vida del preso es muy dura…
Es como si un amigo te cuenta un chiste, te ríes y el amigo te echa una bronca por reírte.
Esa sensación es habitual al leer este libro. Algunas situaciones son ingeniosas pero de alguna forma García Muñoz quiere que te sientas culpable por permitir que esas situaciones ocurran.
Vale, no creo que sea incompatible el sentido del humor con la crítica social pero la verdad es que, personalmente, estoy acostumbrado a otro tipo de humor, uno políticamente incorrecto.
Otro detalle que me canta es que a menudo repite trucos, como esos finales del tipo todo fue un sueño (que se pueden justificar en el relato titulado "Soñar no cuesta nada" pero nunca en el llamado "¡Viva el carnaval!") o las apariciones del personaje del gringo, bastante repulsivo.
Lo que no se puede negar es que el retrato que hace de Quito es muy vivo. No sólo en las descripciones sino también en la forma de hablar de sus habitantes. Me refiero a los modismos que emplea y al uso de la proverbial sal quiteña.
Este es un libro recomendable para los que quieran conocer (o recuperar) una ciudad en un período muy concreto, el de la aparición del petróleo, cuando Quito se estaba transformando a pasos tímidos en la ciudad que es hoy.
Pero el que se quiera reír con estos cuentos, ya le aviso, con "Estampas de mi ciudad" no se va a partir el ojete, no.

Puntuación: 59/100



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sábado, 17 de octubre de 2009

EL CAMINO DEL SOL - Jorge Carrera Andrade



Título: El camino del sol
1- El fabuloso Reino de Quito
2- La tierra siempre verde

Autor: Jorge Carrera Andrade (Quito, Pichincha, 1903; Quito, Pichincha, 1978)

Año de publicación:
1- 1959
2-1955

Edición: Casa de la cultura ecuatoriana Benjamín Carrión, Colección Luna Tierna

Páginas:
1- 175, presentación, introducción + 3 partes
2- 226, 3 partes

No tiene texto en contraportada

Hablaremos hoy de una obra que enlaza directamente con la que comentamos hace unos días, “Atahuallpa”, de Benjamín Carrión. El libro que hoy comentaremos (los libros, que está separado en dos partes; aún así nos referiremos a él en singular al haber una continuidad evidente entre ambas) trata sobre la historia de Ecuador. Al igual que en el anteriormente mencionado no se trata de un libro de historia académico. Nunca nos sentimos abrumados por la cantidad de fechas, lugares y personajes. Sólo aparecen los necesarios para que nos hagamos una idea del ambiente de la época. Todos estos datos se ven acompañados por un tratamiento literario, de tal forma que cada capítulo parece un cuento popular, como si nos lo estuviera contando alguno de sus protagonistas (eso sí, en rigurosísima tercera persona).

¿No lo había dicho? Estamos hablando de “El camino del sol”, de Jorge Carrera Andrade.
De este autor apenas conocía su reputación como poeta en Ecuador. En mi penúltimo viaje a quito compré un librito de poemas escogidos de Carrera Andrade. Teniendo en cuenta que la poesía no es lo mío y que apenas sé juzgar la calidad de un verso, he de decir que la lectura de los suyos me resultó conmovedora (sé perfectamente que esto es un tópico; si un poema me gusta es conmovedor; qué se le va a hacer, no entiendo de poesía). Hace unas semanas, cuando localicé en una librería contigua al parque de La Alameda los dos volúmenes de “El camino del sol” los compré precisamente por el tema al que se dedicaban, al ser yo un enamorado confeso de la Historia (en particular de la del país andino), sin reparar en el nombre del autor. Y suerte que fue así, pues si lo hubiera reconocido me lo habría pensado.
Voy a explicarme porque no quisiera que se me entendiera mal.
Respeto a los poetas y entiendo que a menudo quieran probar suerte con la prosa. Pero en la inmensa mayoría de las novelas que he podido leer de poetas reconocidos me he encontrado con que el autor no ha estado dispuesto a abandonar la lírica, pariendo unos pestiños considerables a medio camino entre ambos artes. Sería injusto con decir que ocurre lo mismo en el caso opuesto, esto es, grandes narradores que se estrellan cuando intentan plasmar su mundo interior a través de versos (la prueba de esto que estoy diciendo la tenemos en el inmenso Jorge Luís Borges, cuyos poemas resultan tan gélidos que se te pueden empañar las gafas al leerlos).
Pues bien, volviendo a la obra que nos ocupa, nos encontramos con que el señor Jorge Carrera Andrade ha sabido evitar casi siempre esos vicios de poeta que podrían haber empantanado una narración que resulta ágil siempre.
Y nos encontramos ante una de las características más llamativas de “El camino del sol”. ¿Cómo se puede hacer para que la narración de un libro de historia (porque no deja de ser un libro de historia) sea ágil? Pues revistiéndolo de todo aquello que conforma una nueva novela. Consigue que empalicemos, para bien o para mal, con los personajes (vuelvo a recordar que son personajes históricos, no literarios, lo que puede hacer más ardua esta tarea) y hace que formemos parte de los sucesos. Por ejemplo, hay un recurso en el que abunda el autor en el primer libro. Como no se conservan datos históricos fidedignos de los primeros pueblos que habitaban lo que hoy es la República del Ecuador, Carrera Andrade, en lugar de remitirse a la arqueología como harían otros autores más ortodoxos, dando datos de enterramientos, restos de cerámica o monumentos funerarios, lo que hace es contarnos las leyendas de las génesis de los pueblos antiguos como si fueran reales. Nos habla así del origen de los reyes Caras, de los viajes de Quitumbe y de la epopeya interoceánica de su hijo Guayanay. Estos capítulos contrastan con el rigor que se muestra en los capítulos posteriores, cuando narra la invasión del Reino de Quito por parte del incario.
Cabe destacar la división de los dos volúmenes que componen esta obra. Primero nos encontramos con el libro titulado “El fabuloso Reino de Quito”, donde nos narra la historia desde los orígenes, con la llegad del hombre a estas tierras, hasta el fin del Tahuantinsuyu. El segundo libro, “La tierra siempre verde”, abarca desde el establecimiento de la colonia hasta los momentos previos al primer grito de independencia, en 1809 (resulta curioso que este segundo libro se escribiera antes que el primero).
Sí se echa en falta un tercero que nos cuente los hechos de la emancipación y nos acerque a nuestras días (o más bien a sus días, que el autor falleció en 1978), pero sobre esa época ya se ha escrito mucho.


Puntuación: 88/100

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Descarga directa  EL CAMINO DEL SOL II. LA TIERRA SIEMPRE VERDE  Jorge Carrera Andrade


sábado, 19 de septiembre de 2009

SUEÑO DE LOBOS - Abdón Ubidia

Título: Sueño de lobos
Autor: Abdón Ubidia (Quito, Pichincha, 1944)

Año de publicación: 1986

Edición: Txalaparta, primera edición, 2002

Páginas: 306, dos partes + epílogo



Sueño de lobos es una cartografía del desencanto, la historia de un hombre (de una ciudad, de un país,de un mundo) cualquiera, que, desorientado y confuso, vaga por la urbanidad. Los proyectos revolucionarios de los sesenta, guardados hoy en dia entre bolitas de alcanfor, empapan la novela de los idearios y esperanzas de aquélla época. Ganadora del Premio Nacional de Literatura de Ecuador y declarada mejor libro de 1986, Sueño de lobos ha alcanzado ya numerosas ediciones y traducciones.



¡Nubes putas!, grita al viento el Turco Antonio, hippie delirante y atormentado, en un momento de la novela. Después de una larga convalecencia decide olvidar su pasado y reorganizar su presente (pues este, como la mayoría de los personajes de "Sueño de Lobos", carece de futuro). Comienza por ordenar su cuchitril, pero cuando termina sale a la calle y ve nubes en el cielo de Quito. Entonces comprende que nada cambia, que no hay luz para él. Y es aquí, hacia la mitad del libro, después de una pequeña pausa, cuando la historia vuelve a comenzar. ¿La historia del atraco a un banco? No. El atraco en sí se resuelve en pocos párrafos cuando no se obvia en una elipsis memorable. ¿La historia de su preparación, entonces? Tampoco, ya que el plan no se revela hasta unas páginas antes de que se produzca el golpe, y este no es nada espectacular. La historia que se nos narra es la de un puñado de hombres condenados por ellos mismos a la soledad. Esto no es nada nuevo. Es un tema básico en la literatura universal, más aún en la literatura latinoamericana del siglo XX. Pero eso no supone ningún problema. La soledad tiene tantas caras como personas existen en el mundo, y de todas ellas se puede hablar en una novela. Y en esta vemos distintas caras de ella. La de los pequeños rateros, la de los grandes rateros (ese odioso don Nacho, capo de barrio bajo, que desprecia por igual a propios y extraños), la de las clases medias (representadas por Sergio, el hombre-lobo, pero también por su mujer, sus padres y, en el epílogo, su hijo) y, sobre todo, la de la ciudad. La soledad de una ciudad que es Quito, pero que podría ser cualquier otra capital del mundo (también podemos ver que la soledad de Quito es más clara, metida en un valle entre altas montañas, ciudad que guía al resto del país pero que, de alguna manera, vive a espaldas de él).Empecemos por el principio. En el primer capítulo nos encontramos a Sergio, el Oscuro, insomne crónico, que rellena sus noches vagabundeando por la ciudad, buscando algo que ni siquiera sabe qué es. Tiene una vida tipo, con mujer, hijo, casa propia y asistenta. Trabaja en un banco, le pone los cuernos a su señora, visita a sus padres en año nuevo. Pero no puede dormir. La suma de sueños pasados y perdidos han hecho de él un perdedor. Y decide hacer algo para redimirse. Un atraco a su propio banco. No es porque necesite el dinero, es porque necesita reiniciar su vida, y nada mejor para ello que un corte drástico. Para ello se rodea de un grupo de perfectos perdedores, como el Turco Antonio, el Gavilán, el Patojo Gonzalo y el Maestro. Todos y cada uno de ellos necesita dar el golpe para cumplir sus proyectos (todos menos quizás el Maestro, que lo hace en realidad por gregarismo, para evitar la disolución del grupo). A partir de este momento el autor deja el pretendido atraco en un segundo plano y empieza a hablarnos de los personajes. Y estos son unos personajes que merece la pena conocer. Personajes con pasado, pero cuyo presente es estático. De hecho, al final de la novela, vemos que los cambios que realizan los personajes tienen consecuencias definitivas (cuando por fin Sergio, en el mismo día, participa en un atraco, se tira a la loca Marcela, fuma marihuana, y duerme varias horas seguidas, acaba dando capotazos a los coches en medio de la autopista).Todas las novelas tienen, o deberían tener, un contexto geográfico y temporal, que de alguna manera sobrevuele por encima de la historia. En "Sueño de lobos" nos encontramos en el Ecuador de principios de los años ochenta. Acaba de finalizar la década del boom del petróleo, pero también la de las dictaduras y la de la lucha social. Son tiempos difíciles, de incertidumbre, de buscar un lugar en el mundo. Y Abdón Ubidia consigue plasmar a la perfección ese sentimiento. No sólo en esta obra, que ya en "Ciudad de invierno" se hace un retrato similar del desencanto que se vivía en esos tiempos (no muy diferente al desencanto actual).Respecto al estilo que se emplea en la redacción vemos que los capítulos dedicados a Sergio se produce un juego de voces, que cambian de la primera a la tercera persona a veces hasta en la misma línea. Eso no hace al texto más confuso, pero sí ayuda a que veamos más oscuro al personaje de Sergio, el Oscuro.Para completar este análisis comentaré, a nivel personal, que lo único que me parece criticable en esta novela es que no aparezca más el personaje de Maribel, la concubina del Gavilán. Es uno de los pocos personajes admirables, dentro de su tristeza, que nos podemos encontrar.


Puntuación: 95/100

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